Repartir la miseria
Fronterizos | miguel a. varela
Sorprendido me he quedado con la despectiva displicencia con que ha sido rechazada la propuesta del alcalde de Balboa de unificar en un solo municipio cuatro de los que actualmente componen la Mancomunidad del Bierzo Oeste. Barjas, Trabadelo, Vega de Valcarce y Balboa sumarían un municipio cercano a los 2.000 habitantes repartidos en decenas de pequeños núcleos. Dejando a un lado la probable complejidad administrativa del procedimiento o la posible brusquedad en la forma de presentar la idea, la propuesta no sólo me parece una de las opciones más inteligentes planteadas en el debate político provincial en los últimos años sino el camino único por el que tarde o temprano deberá transitar cualquier reforma racional y seria de la administración local en este país. Vaya por delante mi admiración por la labor de los alcaldes rurales, especialmente en territorios de montaña como los que forman buena parte de la comarca berciana, caracterizados por el atraso económico, la demanda de servicios básicos, la dispersión y el envejecimiento poblacional. Agobiados por la carencia de recursos, dependientes del capricho clientelar en el reparto de fondos de las entidades superiores, obligados al paternalismo político en sus relaciones directas con los vecinos, los alcaldes rurales gobiernan barcos decrépitos a la deriva cuya menguante tripulación hace tiempo que dejó de remar. Seguro que después de su larga trayectoria, al alcalde de Balboa se le pueden reprochar muchas cosas pero no es esta propuesta una de ellas. Siempre atrevido en sus ideas, listo como el hambre, con el fino instinto del superviviente que ha viajado sin demasiadas estridencias por el mapa de siglas, Monteserín ha tenido la valentía de poner sobre la mesa un asunto sin duda complejo y polémico pero inevitable en el medio plazo, cuyo rechazo radical sólo puede explicarse desde la cortedad de miras o desde el temor a perder un lugar en el reparto de la miseria.