la opinión del lector (I)
Anestesiados
Hemos visto estos días cómo la clase política catalana cerraba filas, quejándose de que a unos presuntos ladrones, integrantes de su poderosa casta, se les esposara como a vulgares delincuentes comunes. Tienen razón, ellos presuntamente han robado millones, y eso es otra cosa. ¡Dónde va a parar! Su prepotencia sería digna de un profundo estudio psiquiátrico, así como la pasividad con la que el sufrido y domesticado ciudadano acepta y calla. Algunos bancos han subido las comisiones hasta un 300 % en algunos casos, pero no pagan los intereses que no lleguen a un euro, es decir, al interés actual, el de todas las cuentas corrientes que no superen los 20.000 Euros. Una sustancial tajada, si pudiéramos sumar el importe de todos esos intereses. Otros, satisfechos y orgullosos de su gestión, declaran beneficios millonarios, pero suspenden el pago de fondos y la CNMV lo acepta sin rechistar. El Gobierno no interviene. ¿Dejadez o conocimiento de la situación real de las entidades bancarias? Y ahora, en el colmo de nuestra callada y sufridora aceptación, comprendemos a los futbolistas que amenazan con ir a la huelga si se les obliga a pagar impuestos como al resto de infelices que dependen de una controlable nómina. Y ahí están de nuevo los políticos advirtiéndonos de una posible fuga de cerebros. ¿Con este sustantivo se refieren a los futbolistas, o a los científicos a los que se les ha recortado el presupuesto sin ninguna contemplación? Bien, pues a pesar de todo esto, aquí no rechista —«gute» en leonés— nadie. Parecemos el pueblo de la Bella Durmiente. ¿Dónde están los «intelectuales» en nómina que firman manifiestos? ¡Calla! Ahora que caigo, dentro de su papel progresista y liberador, estarán pensando cómo decirle a Castro que los homosexuales no son un peligro potencial para la revolución cubana.