De alimañas y sabandijas: un ejemplo
Historias del reino margarita torres
Acaba de fallecer. Me refiero a la niña de tres años que fue golpeada por el presunto salvaje que decía ser el compañero «sentimental» de su madre. Quemada en la espalda y riñones, golpeada hasta reventar su c uerpecito, la pequeña dejó de respirar, se le paró el corazón. Un desalmado semejante, capaz de tan miserable hazaña, merece muchos nombres. Imagino la presión arterial del equipo médico que se ocupó de la atenderla, los esfuerzos para contenerse. Imagino, también, qué sintieron los familiares de la n iña al conocer la noticia, y esa madre, especialmente ella, que confiaba en esa bestia de 24 años la vida de su hija porque decía amarla. Afortunadamente para todos, excepto para la pequeña, fue arrestado por la Policía Judicial de la Guardia Civil de Playa de las Américas, en el municipio de Arona, isla de Tenerife. Hace tres años, en 2006, la sociedad se estremeció con el caso de Alba, una niñita de cinco años que sufrió malos tratos a manos de la «pareja» de su madre y que se debatía entre la vida y la muerte en el Vall d´Hebron, con el triste final que todos conocemos. Podríamos añadir ejemplos hasta la náusea.
El Comité Español de O.M.E.P., Unicef, Prodeni o Filium, entre otros organismos y asociaciones que buscan proteger a la infancia, denunciaban que en nuestro país casi medio millón de niños, alrededor de 470.000, pueden sufrir al año malos tratos físicos en el hogar. La suma asciende escandalosa hasta los 860.000 en el caso de las agresiones psicológicas. Más, por desgracia, únicamente entre 40 y 50.000 se denuncian. Los medios se hacen eco de las cifras. Cada año, con ocasión del Día Universal del Niño, del drama de la vida en el Tercer Mundo y también de ese cáncer del maltrato, el abandono, la explotación sexual y la marginación que ataca la médula del Primero. Regalemos unos números para la reflexión: un 15,2% de chicos y un 22,7% de niñas sufren abusos sexuales en este planeta. Cuatro millones de muchachas son objeto de compra y venta, como el ganado, con el fin de convertirse en prostitutas forzosas, esclavas o condenadas a un matrimonio forzoso con quien podría ser su abuelo.
Volviendo a España, hemos de recordar que cada año entre 35.000 y 50.000 compatriotas nuestros se escapan al Caribe o a Asia para satisfacer sus instintos más rastreros con menores de aquellos países. Somos los quintos en el ranking de la canallería europea, en el top ten de los países exportadores de pedófilos, después de Francia, Bélgica, Italia y Alemania. Se trata, además, del tercer negocio ilegal más rentable del mundo, junto con el comercio de armas y el tráfico de drogas. Sólo en versión virtual mueve alrededor de 1.000 millones de dólares, muchos de ellos euros conversos. Y León no se escapa a este fango. Ciertas actuaciones policiales no hace mucho que amarraron a esos tipejos que usaban de la trinchera de internet para ocultarse, no pocos de nuestra propia ciudad de León, donde alguna que otra captura de pederastas «on li ne» ha caído a lo largo de los últimos años. Espero que se pudran en la cárcel. Se lo deseo de todo corazón. Y que alguien grabe un reality con su vida en el trullo y lo cuelgue de la red.