Sororidad
Canto rodado | ana gaitero
No viene en el diccionario oficial, pero se practica desde hace siglos. Y, según Fadhila Mammar, puede ser uno de los resquicios para sobrevivir a la crisis: «Es muy importante buscar recu rsos institucionales, pero hay que espabilar y volver a pensar en toda la cultura comunitaria de autoapoyo, los saberes populares con los que las mujeres inmigrantes han superado otras crisis en sus países y han llegado hasta aquí».
Las mujeres dominicanas que desde finales de los ochenta llegaron a España de la mano de Iberia para convertirse en empleadas de hogar a tiempo completo tienen un nombre propio para el apoyo mutuo: el san . Es una cantidad de dinero que ponen entre todas para ayudar puntualmente a las compatriotas con necesidades. Y lo que las mexicanas llaman tandas .
Fadhila Mammar, filóloga tunecina que vive desde hace 17 años en España, hablaba de mirar hacia las experiencia comunitarias en países del tercer mundo en las jornadas de Mujeres inmigrantes y crisis global de Isadora Duncan.
De solidaridad y sororidad -”apoyo mutuo entre mujeres-” también saben mucho más que nosotras nuestras antepasadas. La emigración a las ciudades y la vida urbanita acabó con aquellas redes tejidas a lo largo de siglos. No es añorar el pasado.
Afortunadamente, el siglo XXI con el desarrollo de las comunicaciones permite poner en marcha modernos sistemas de apoyo mutuo que se convierten en pequeños granos de arroz para llenar la olla colectiva. Las redes sociales virtuales, los bancos del tiempo, las redes de las asociaciones... son herramientas para reducir la dependencia de lo institucional y para aumentar la capacidad de autogestión de nuestras vidas frente al monopolio que pretenden ejercer esos rostros que se repiten, día tras día, en las portadas y en los telediarios.
Por cierto, ¿se irán de puente?