Copenhague está aquí
La aspillera | vicente pueyo
Copenhague está aquí. No hay que irse hasta orillas del Báltico para apercibirse de que lo que se está cociendo estos días en la capital danesa nos atañe muy directamente. Quizá esta cumbre sobre el cambio climático, que sigue a la reunión de Kioto de 1997, se caracteriza por haber suscitado una atención más generalizada, más «global». Ahora sólo falta que los resultados sean acordes o, al menos, no defrauden en exceso esa expectación.
Mañana El Bierzo -”ejemplo práctico de una zona en la que se intenta hacer convivir la, hoy por hoy, vital explotación del carbón con audaces, y costosas soluciones que reduzcan al máximo las emisiones de dióxido de carbono-” se suma a las miles de vigilias organizadas en 130 países del mundo para pedir que la cita de Copenhague concluya con compromisos valientes que estén a la altura de las circunstancias. Y las circunstancias son más que inquietantes; más, claro está, para los que vengan inmediatamente detrás de nosotros pero a nosotros, hoy y ahora, nos toca la responsabilidad de establecer las bases para no llegar a situaciones prácticamente irreversibles. Quienes nos sucedan juzgarán muy duramente a esta generación si dejamos un planeta invivible. Coincidiendo con la cumbre danesa se ha activado el motor reivindicativo de los colectivos conservacionistas, unos más solventes y serios que otros sin duda. Pero siendo importante esa labor permanente de revulsivo, es preciso también huir de los profetas que nos tienen con el culo prieto con sus mensajes apocalípticos. El problema es demasiado grave, y por fin la sociedad en general se ha apercibido de ello, como para poner coto a las desmesuras y a las burdas intoxicaciones y colocar la búsqueda de soluciones en las manos más solventes que sea posible. El sentido común exige objetividad, pies en la tierra y menos charlatanes. Hay algo que se llama comunidad científica, hoy más global e interconectada que nunca, que puede y debe orientar y dar pautas concretas para que los temidos efectos del cambio climático se puedan ir mitigando de forma sostenida y lo más eficazmente que sea posible. Se debate sobre el cambio climático pero en el fondo, lo que se debate es la puesta en cuestión de un sistema de producción que no da más de sí, de un sistema de vida en definitiva que no puede seguir fundamentado en la existencia de una diferencias sociales y económicas tan abismales entre el mundo próspero y el mundo que malvive en la precariedad.
Cuando se constata que, burlando a los fantasmas de la crisis, estos días sigue subiendo la fiebre consumista como en los mejores tiempos, se concluye que además del cambio climático hay otro cambio a la espera: el cambio de mentalidad. Las emisiones no son, en este caso, de CO2 pero no por eso son menos nocivas.
Ojalá, en definitiva, países que tienen las batutas, como Estados Unidos, China (ayer a la greña), Rusia... respondan a este clamor ya universal, para que algún día nuestros hijos puedan seguir leyendo, serenos y orgullosos, los versos de Ángel González: «...Inesperadas ráfagas de lluvia/ lavaban los colores de la tarde./ ¿De cuándo ese carmín que fue violeta?». 1396927554