Ce Te Erre
A esgaya | emilio gancedo
Apropósito de la huelga ésta que alfombra las ciudades y pueblos de León con una bonita capa de plásticos, mondas y raspas, y eso sin contar con la falta de profesionalidad, la avidez y la irresponsabilidad que ya hieden por todas partes, me cuentan una serie de cosas de mucho interés que, por la solvencia de la fuente, voy a reproducir aquí, un poco a bocajarro: primero, como la empresa está dirigida por esas entidades que son un ejemplo perfecto de equidad y de justicia, los partidos políticos, pues parece ser que casi todos los trabajadores han entrado a puro dedo. Y segundo, que como tienen el puesto asegurado, los hay que poco o muy poco hacen (algunos confiesan que hay días en los que hasta les da vergüenza estar mano sobre mano).
Por eso, lo peor es que el CTR no está haciendo lo que debería hacer. No hace aquello por lo que le estamos pagando. No recicla ni cumple. Y es que se da el caso de que el centro cobra por toneladas de basura; cuantas más entran, más se cobra. Por ello, hay que agilizar el proceso y no reciclar para que no haya material esperando. Conclusión -”expresa la fuente-”: «El vaso donde se arrojan los restos que ya no se pueden reciclar tenía una vida de 20 años, llevamos sólo cuatro largos y va por más de la mitad». Ahora, como lo han hecho todo tan mal y aprieta la deuda, deciden subir el impuesto o bajar el sueldo a los empleados.
Resulta incomprensible tamaña falta de previsión en un asunto que no es que sea importante, es que es decisivo. Es que es vital. Por razones de higiene, de salubridad, de sostenibilidad, de economía, de opinión pública. De sentido común. En el CTR tenían que estar todos trabajando como locos intentando reutilizar cada brizna, cada espina, por una cuestión de supervivencia de la especie: sólo imitando los procesos de la naturaleza, donde todo se rehace y recicla, una y otra vez, podremos salvarnos. Cagarla en esto es cagarnos encima de nosotros mismos.