El discurso del Rey
Al día | fernando jáuregui
El mensaje que el Rey dirige a los españoles cada Nochebuena está ya acabado de redactar y probablemente grabado, aunque se emita -”este año también por la Euskal Telebista-” a las 21 horas del día 24. Ese tradicional mensaje ha ido perdiendo la trascendencia que se le dio en los primeros años de la transición, pero ahora el papel del jefe del Estado se hace cada vez más importante, a la luz de la cierta crisis institucional que vive España.
Ignoro, desde luego, si el Rey se ha propuesto incorporar a su mensaje alguna referencia a la (¿inminente?) sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña; seguramente no lo hará, ni siquiera de manera indirecta, como no hará referencia a las «consultas soberanistas» en algunas localidades catalanas. Pero consta que ambas cuestiones preocupan, y no poco, en la Casa del Rey. Y, en mi opinión, sin querer ser de ningún modo alarmista, no es para menos.
Como monárquico confeso que soy, creo que un Rey moderno, democrático y adaptado a las circunstancias sería un buen bálsamo para sobrevolar las tensiones territoriales que vive un país que, como España, es probablemente más afecto a la Corona que republicano, aunque haya muchos que se proclaman esto último.
Pero, para que los nacionalismos, que son, en el fondo, republicanos, se sientan a gusto en el Estado, no basta con proclamas a la unidad y al entusiasmo por la Constitución; harán falta algunos retoques en esta Constitución y, sobre todo, en los planteamientos de los grandes partidos nacionales. No veo un espíritu semejante ni en nuestra clase política ni en las instituciones ante este 2010 que se me plantea apasionante. Y temo, al tiempo, que el mensaje navideño del Rey suponga este año más de lo mismo, primando la cautela sobre otras consideraciones.