Cornada de lobo | pedro trapiello
Aberrante maravilla
Llevar agua por una pared se hace harto difícil; y si la pared es de farallón vertical de roca madre en la garganta del Cares, ¿quién lo intentaría?... un buscador de kilowatios, un ordeñador de caudales... y lo hizo con el nombre de Eléctricas del Viesgo. ¿Y cómo? Se atrancó el río a los pies de Caín con un embalsillo, se excavó en la roca un furaco serpenteante con capacidad para un canal y una senda, se alargó el ingenio hasta Poncebos y, allí, precipitándose el agua desde un desnivel de doscientos treinta metros, puso a bufar turbinas con la furia de una cascada.
La obra es hercúlea; parece de todo punto imposible. ¿Cuántos morirían en el tajo de estos vértigos? Se fascina el caminante que la recorre. Son muchos kilómetros. A veces va el canal al aire; otras, lo engulle la montaña en túneles de abracadabra. Y siempre, a cada paso, se suceden las apariciones de lo colosal, la grandiosidad de una naturaleza enclaustrada que, de no haber sido por esta senda, hubiera quedado escondida y ni siquiera reservada al loco que se atreviera a colarse por un desfiladero de paso infranqueable. Pero se talló la roca, se la furacó, se domeñó el vacío... y un rosario de balconcillos fue poniendo en todo el trayecto puertas de Damasco para que se cayeran del burro los sampablos tercos o modorros convirtiéndose a la fe maravillada de una naturaleza que ha de preservarse aquí a toda costa. Gracias, pues, a esta senda, muchos conocieron la entraña de este fascinante cataclismo y alimentaron en su corazón la necesidad de defender el paraje.
La obra se inició en 1916, se concluyó nueve años después y la senda practicada junto al canal para facilitar sus reparaciones se acondicionaría definitivamente en 1945. En 1950 pudo el senderista y montañero romper la virginidad del privilegio y fascinarse. Desde entonces, han sido millones las gentes que han podido maravillarse con el asombro natural del paraje más excepcional de Picos de Europa: río de pozo esmeralda en abismo, cumbres partiéndonos el pescuezo por alcanzarlas con la vista, nieblas teatralizando el lugar, hielo rebrillando.
Paradoja: esta obra no se habría autorizado hoy; calificarían de aberrante el protecto. Y las Médulas, ni te cuento.