Diario de León

El paisanaje | antonio núñez

Los panchos

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antonio núñez
León

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Todos los amantes del bolero anteriores a Café Quijano, incluido el padre de las criaturas, hemos rejuvenecido esta semana con la foto en La Moncloa de Felipe González, Zapatero y Solbes para arreglar lo del paro en Europa. Es lo más parecido al trío Los Panchos, de tan panchos como estaban en sus respectivos sillones, teniendo en cuenta que han sido los cantautores clásicos del desempleo por antonomasia: el primero dejó en España un 25% de obreros en el Inem allá por 1995, el segundo va ya por los cinco millones y el tercero trabajó para los dos -”es un decir-” como ministro de Economía en sus legislaturas más aciagas.

Alguien objetará que además de estos tres en la foto figura también la ministra del ramo, señora Salgado, y el ex presidente comunitario Jacques Delors, pero el bolero, como la economía, nunca fue una ciencia exacta: el trío Los Panchos muchas veces eran cuatro cuando se jubilaba un guitarrero -”vienen de 1948-” y metía a dos sobrinos, pongamos que a uno de Felipe y a otro de Javier Solana, a los que no pocas veces se les unía en el escenario María Dolores Pradera. Cualquier parecido, no obstante, entre esta última dama y la cantamañanas Salgado es pura coincidencia, salvo que el país, como ellas, está en los huesos.

Tal es la foto del famoso «comité de sabios» -”o al menos así lo han bautizado-” que va a salvar al continente del crack económinco, lo que una vez más da la razón a los ingleses en no devolver Gibraltar ni la libra esterlina. Para empezar los sabiondos salen en unos sillones descomunales distantes ente sí más metros que Gordon Brown y Dunquerque -”oh, yes-” y con una mesa de juntas en medio que igualmente impide el uso de bolígrafos y libretas para echar las cuentas del paro comunitario. Fotografías que retraten tan mal la realidad del país -”o más cruda, vaya usted a saber-” se han visto pocas: si acaso la boda de la hija de Aznar, ésta del martes en La Moncloa, la de las hijas góticas de Zapatero con Obama y la de la vicepresidenta De la Vega en bikini el pasado verano. Se le obnubilan las pupilas a uno a poco de pensar en los seis meses de viajes que le quedan a Zapatero en el campanario de la UE mientras vienen y van las cigüeñas normales.

Si el lector tiene que viajar a Europa absténgase de decir que es español y menos todavía de León, porque lo van a tomar a pitorreo por ahí fuera. Es lo mínimo siendo compatriotas y paisanos de quien somos y teniendo en cuenta declaraciones como las del secretario de Estado, López Garrido, según el cual la presidencia de Zapatero, en lo que respecta al paro y la economía, «marcará el rumbo de Europa en la próxima década». O Leire Pajín y su superconjunción planetaria de Zapatero con Obama, jodó el Armagedón o como se diga. O Moratinos, con un apellido que para ministro de Exteriores presagia toda clase de hematomas.

En estos tiempos de propaganda a tope los del PP tampoco andan muy finos. Se conforman, como en el anuncio aquel del detergente, con un «busque, compare y, si encuentra algo mejor, vótelo». Pero por lo menos no engañan.

Sería una sandez polemizar sobre los argumentos de Garrido y Pajín en lo que se refiere a la velocidad de Zapatero para sacar en seis meses a veintitantas naciones de la crisis, tal como ha dejado a la suya en seis años. Mejor encargarle unas rogativas por España y Europa al caldenal Rouco y al Papa Benedicto XVI, respectivamente, cuya primera oración bien podría ser: «Virgencita, que me quede como estoy».

A la UE le espera un semestre zapateril de órdago, que a ellos les dará mucha risa, como a mister Bean, el cómico inglés de circunflejas cejas que se coló también esta semana para celebrarlo en la página web de La Moncloa, pero a nosotros dos años hasta las próximas elecciones, y eso si no repite. Uno no es profeta, pero las catástrofes son las catástrofes, según las leyes de Murphy.

Atila y el moro Muza, antes de la Alianza de Civilizaciones, tenían menos peligro que éste.

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