El paisanaje | antonio núñez
Tres tristes tigres
Pruebe usted a repetirlo rápido media docena de veces a ver si acierta alguna vez por casualidad. Si falla es que no vale ni para alcalde de su pueblo, que ya es decir. La oratoria política, que alcanzó la categoría de género literario con Azaña, Ortega, Castelar o Donoso Cortés, y antes con Cicerón y Demóstenes, ha degenerado ahora en un trabalenguas del que la última sandez de Zapatero han sido las tres «T» para salir de la crisis: temple, tenacidad y trabajo. Será tolón. Juegos de palabras, en fin, que dan moral a la alicaida tropa sociata, tal que cuando Botín decía que compararnos con la arruinada Grecia era como un derby entre el Reak Madrid y el Alcoyano. Ojo a la prórroga, porque la cosa del déficit va también doce a cero sobre el presupuesto.
Lo de las «T» a lo mejor cuela para aguantar quince días más en un país caótico que va camino de la ruina para cuando dentro de dos años y pico haya otra vez elecciones. Ya es mala sombra. Y es fama también entre la gente que ha estado condenada un tiempo tan largo a la sombra descontar los días que le quedan entre barrotes pintando palotes en el muro de la celda y tachándolos de cinco en cinco en cinco, que es lo máximo que saben contar algunos, o sea con los dedos como la ministra de Economía, señora Salgado (su antecesor en el cargo, don Solbes, como quedó entre bizco y miope con Felipe González y Zapatero, contaba últimamente los parados de diez en diez, a dos manos).
Como se venía diciendo este tipo de charlatanería puede colar en el mercadillo local, pero no en el mercado común europeo, ahora llamadol UE. Allí han calado a Zapatero nada más desembarcar en la presidencia de turno al grito de «tres peines un duro», que era el de mi paisana bañezana la Pitina, cuando servidor era niño los sábados. Ella cumplía y no engañaba a nadie, ni siquiera a los calvos, pero ahora con una deuda nacional de mediio billón de euros -”ojo, no de pesetas ni de duros-” nos vamos a enterar de lo que vale un peine.
En los dos años que le quedan de presidente de Gobierno a este figura de la matemática pura, aparte de suspender la prueba del nueve, puede pasarnos cualquier cosa. El efecto mariposa allá en Hong Kong, sin ir mas lejos, de la teoría del caos a la catástrofe pura y dura: parpadea un chino allá en la Bolsa, un restaurante o la tienda y cogen la gripe Alfredo Adams y El Corte Inglés. Si algún progresista no lo cree, que vuelva a ver Parque jurásico.
Sin llegar a tanto y a nivel doméstico Mariano Rajoy prefiere no presentar una moción de censura y se limita a sentarse a la puerta mientras espera ver pasar el cadáver de su enemigo, como en el refrán moro. «Puede valer para ellos, pero no aquí», me explicó un día cierto ex presidente de la Diputación cuando le dije que «equis» cabrón de alcalde me tenía frito y que a él le quedaban cuatro años en el cargo y servidor, más joven, seguiría siendo periodista. «Lo malo es si llueve», repuso el otro. Y con el tiempo nos hicimos los tres amigos.
Por lo demás nada de lo que está pasando es nuevo. Allá cuando la segunda guerra mundial, mientras el ministro de la propaganda nazi Gohesbel, o como se escriba, no paraba de repetir la consigna de que una mentira repetida mil veces acaba siendo creible y, en consecuencia, auguraba mil años para el Tercer Reich, en Inglaterra sir Winston Churchill se limitaba a prometer a los suyos sangre, sudor y lágrimas. Al final Alemania perdió la guerra y Churchill las elecciones. Cada país tiene lo que se merece.
Con cinco millones de parados lo que hace falta en LaMoncloa es traducir del inglés al castellano cañí la consigna de sir Winston. Me lo dijo el otro día Zapico, torero de salón donde los haya, aunque me lo invento yo. Lo de la «T » no importa como en el toro para salir de la crisis de los toriles», se me arrimó.
La importante es la «B».
Bista, balor y güebos.
Va por usted, maestro.