Cornada de lobo | pedro trapiello
¿De fierru?
Se empeñan en rebautizar la Cruz de Ferro de Foncebadón como Cruz de Fierro, incluso Cruz de Fierru , si hay que atenerse al lugareño cazurrroparlante que dicen que hay. Pues vale. Pues venga. Pues que pongan allí otros dos letreros más. Pues que se corrijan mapas, folletos y literaturas. Pues que baje Dios y lo vea.
Sócrates Valdueza dice que sólo son ganas de enredar, pillar y meterla. Y que lo único que se logra con ese enredo es malgastar y confundir; lo hacen fácilmente los indicadores de autopista rotulados en dos o tres lenguas... y no cuenta los letreros de carretera con tachaduras, calderazos de pintura y correcciones ligüísticas locales. Los turistas se confunden, se cabrean y no vuelven. Pero los de aquí sacan pecho... y le ponen una Tx a Laciana para que suene a Chaciana o chacina o cambian los letreros de esa cruz, aunque nidiós en León la llame Cruz de Fierro , sino de Ferro. Y a nadie confunden.
Recuerda Sócrates, además, que ese túmulo de piedras pizarrosas en los altos pandos de Foncebadón lo inventaron los gallegos. Es costumbre celta: partiendo a guerras, fortunas o trabajos dejaban una piedra en las afueras del pueblo como señal para volver a por ella... los que volvieran. Esos montones son un homenaje funerario a los antepasados, costumbre pagana que algún arcediano maragato resolvió cristianizar en su día petando allí un varal de roble nudoso con una cruz de cementerio arponeada en todo lo alto. Por ese camino llevan muchos siglos pasando, más que nadie, gallegos a troche y moche, en carreta y a pinrel, jornaleros y mercaderes... los gallegos que pasaron a pie por este punto fueron hordas, segadores, teitadores, picapedreros... y a su cosa la lamaban cruz de ferro por su ley y porque era eso, de ferro . Y así la llamaron ellos por su lengua y por la media España a la que iban esparciendo sus oficios.
Los gallegos dejaban justamente su casa en Monte Irago. Hasta aquí, todo es Galicia o lo parece, así que el gallego-celta hizo ese montón de piedras al pie de su pueblo. A partir de aquí el paisaje es otro, el color de la meseta se remarca y con ojos de norte verde, ya todo esto es Castilla de alma árida, y es verdad, solanera castellana todo, como el queso.