Diario de León

Cornada de lobo | pedro trapiello

Caja bendita

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pedro trapiello
León

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Hemos visto por la tele estos días imágenes de los órganos directivos de CajaSur . Coñó: todos son curas o, si se prefiere, sacerdotes. Admirable. Inédito. Se hace muy raro ver a clérigos afanados en apalear dineros y que sea su sagrario la cámara acorazada de una entidad bancaria. No existe algo parecido en España (otra cosa es la banca vaticana), salvo en el espíritu original de la Caja de Ahorros del Círculo Católico de Burgos .

¿Comenzarían los consejos de administración de CajaSur diciendo «nuestro auxilio está en el nombre del Señor» (y nuestro déficit en manos del demonio)? Y ahora que les ha trincado el Banco de España echándoles de sus despachos e imponiendo interventores públicos con su rebaja, ¿habrá penas de excomunión por haberles «desamortizado» como cuando Mendizábal?...

Dirán unos que el oficio bancario es legítimo y que Judas Iscariote fue elegido por Jesús como administrador de su colegio apostólico; o que el evangelista san Mateo fue algo así como banquero, recaudador de impuestos. Pero Judas acabó como acabó y Mateo dejó su oficio bancario para hacerse apóstol y no al revés, como parece el caso del cabildo cordobés... ay, pillines.

Otros dirán que no es nada edificante ver a sacerdotes jugando a prestamistas y aceptando o usando como los demás bancos las voraces normas que imperan en el mercado financiero. ¿Nada edificante? Quiá, muchísimo; su ruina vino precisamente por dar créditos a la edificación a troche y moche. Se subieron con pies de adobe al carro del ladrillazo y no hubo agua bendita o milagrosa que limpiara tanto barro. Ese milagro sólo podría prestárselo el de Nazaret escupiendo en el suelo, haciendo lodo con su saliva y tierra y untándoles los ojos con él para curarles su ceguera.

Pero lo chusco de esa banca diocesana cordobesa era su emblema, su logo, ¡una paloma!, el símbolo del Espíritu Santo. No parece muy propio darle este degradante empleo publicitario a la tercera persona de la Trinidad. ¿Qué habrá pensado? ¿Buscaremos ahí algún origen posible de la debacle y maldición bancaria de CajaSur? Los únicos pecados que no puede perdonar ni siquiera el Papa son precisamente los cometidos contra el Espíritu Santo.

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