investigación en león
La poesía de Diego Jesús Jiménez
Es poesía exigente, dueña de un lenguaje sugerente y crítico que nunca permanecerá en la comodidad de lo evidente, no acatará imposición ética o estética y vigilará el mantenimiento de una conciencia crítica

En Villafranca del Bierzo, en la foto, y Bembibre se pudo asistir a la lectura de sus poemas.
La poesía hoy y siempre indaga entre las palabras con el fin de hallar aquélla más precisa y capaz de crear una nueva realidad. Por otra parte, la palabra es a la vez génesis y contención del tiempo, detenimiento del devenir; la palabra es nueva en cada poema y el poeta, el yo poético, han de tratarla como nacida para ellos, única en cada caso: será el poeta quien haya de intentar que aquélla no naufrague en la anónima cotidianeidad que conduce a la insignificancia más intrascendente. La poesía, a pesar del paso del tiempo, nunca ha perdido vitalidad, siempre está ahí, al lado, a cada paso, al alcance de cuantos saben mirar y leer la amplitud del día a día con su carga humana personal o ajena, propia o heredada.
La obra de Diego Jesús Jiménez, poeta conquense recientemente desaparecido, ha de ser considerada como «tabla de salvación» para quienes naufragan entre la desorientación y el engaño de señales luminosas que falsamente conducen al ser humano, príncipe de la modernidad y esclavo de sus propios engaños, hasta promesas cada vez más lejanas: espejismo y destellos de reflejos que desaparecen cuando están al alcance de la mano.
El trabajo de indagación en la obra poética de Diego Jesús Jiménez pretende, en primer lugar, dar a conocer de manera más amplia y reivindicar mayor presencia de uno de los poetas imprescindibles en la poesía en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX que, inexplicablemente, no ocupa el espacio que su obra merece. No obstante, en estas tierras -Villafranca del Bierzo, Bembibre, la ciudad de León en dos ocasiones- tuvimos la oportunidad de asistir con el poeta a la lectura de sus poemas; la última -impresionante en su voz- fue durante la Feria del Libro de León en 2009. En segundo lugar, este trabajo, desarrollado por quien firma estas líneas bajo la dirección de José-Enrique Martínez Fernández, catedrático de Teoría de la Literatura del Departamento de Filología Hispánica y Clásica de la Universidad de León, tiene como finalidad avivar la llama que se esconde tras los poemas de Diego Jesús Jiménez y hurgar en sus versos hasta ¿desvelar? la ética inseparable de la estética, la magia o la «maldita belleza» que, como vasos capilares, irrigan una escritura plena de símbolos e imágenes poéticas en decantación.
1397124194 Lectura personal. El trabajo queda dividido en siete grandes apartados a lo largo de los cuales se va haciendo una lectura personal de cada uno de los libros del autor pricense. El primero, «Primer equipaje poético: la infancia», es un recorrido por los poemarios iniciales en los que la infancia con toda su carga de recuerdos y memoria tiene una fuerza especial y fundacional; de aquí seguirán manando poemas de libros posteriores. Se destaca, también, la labor de reescritura, o retractio, posteriormente realizada en estos poemas. El apartado segundo se centra en La ciudad, obra galardonada en 1964 con el premio Adonais. Trata de ser interpretada desde el mito de la caverna platónica o como obra mística, de contenido civil, laico y humano: es el ascenso hacia el hombre a través de diferentes «rondas». La poesía, en general, no está tan alejada de la experiencia mística ya que en ambas se intenta un ejercicio universal de búsqueda de la trascendencia como superación del sentimiento de fracaso al que conlleva la precariedad en la que está inmerso el ser humano.
«Obra para voz solista y coro» es el título del tercero de los apartados: el sentimiento amoroso, su diferente gradación, el cuerpo como elemento topográfico de ese sentimiento, la muerte y su periferia, lo doméstico como espacio: son algunos de los aspectos que sustentan el poemario Coro de ánimas.
Será Fiesta en la oscuridad -”¡nada que celebrar ni festejar!-” la obra a partir de la que inicia una poesía total; en este poemario un poema fundacional, homónimo del título, señala ya un itinerario del que no se desviará. La oscuridad, la luz, la claridad con diferentes intensidades se convierten en símbolo de un momento vital, colectivo e histórico, de un tiempo de cambios y esperanza, acaso de desesperanzas. Es, sucintamente, lo más importante del apartado cuarto. En el siguiente, «Bajorrelieve: realidad y/o espejo», se plantea la utilidad del arte en general y la importancia de los sentidos como elemento iluminador. «Poema en Altamira» se propone hallar alguna respuesta, aunque ninguna verdad definitiva. La ironía como juicio, la ruina como estética ritual, la (re)creación de la Historia heredada, contada y casi siempre falseada, la realidad desde la apariencia, constituyen algunos de los aspectos del quinto apartado. El pasado volcado hacia el presente e intuyendo un futuro están en cualquiera de los bajorrelieves que sean observados; en ellos se fusionan espacios y tiempos que llegan a adquirir una función orgánica.
«Vademécum para un itinerario» constituye el sexto apartado cuyo eje es Itinerario para náufragos, poemario imprescindible en la poesía de la segunda mitad del siglo XX; en él confluye y desemboca la escritura anterior: infancia evocada, memoria, un río Júcar imprescindible, la creación poética-¦ Todo un itinerario de reflexión y emoción ante la propia existencia humana. El último de los apartados indaga en los ejes de una poética, es decir, trata de dibujar la cartografía poética y la esencia medular de la creación del poeta conquense.
Poesía exigente, no apta para pusilánimes, dueña de un lenguaje sugerente y crítico que nunca permanecerá en la comodidad de lo evidente, no acatará imposición ética o estética sino que se situará vigilante en el mantenimiento de una conciencia crítica. Con un lenguaje siempre en tránsito, la voz del poeta de Priego habla desde el corazón del hombre, de los hombres, de los de ahora y de los de entonces, desde dentro, desde lo irracional e inexplicable, desde lo inevitable. Y la individualidad del yo poético será una excusa para buscar al «otro» en un diálogo constante; de esta forma será voz de quien, ahora o entonces, difícilmente habrá sido escuchado. La poesía de Diego Jesús Jiménez tal vez nos quede como «tabla de salvación» o como «salvoconducto», siempre al alcance, a mano.