Cornada de lobo | pedro trapiello
Pupucela
Ronca ese corneto como un pedo interminable de elefante y hace que los estadios sudafricanos suenen a fenomenal atasco de camiones en la oreja. A ese clarín de plasticorro que introdujeron los chinos en este país hace tan solo diez años lo llaman vuvuzela y no sé por qué, al oirlo en la radio el otro día, me acordé de Valladolid, mira tú qué malicia, quizá porque Tartarín, el tartamudo, llama a esa capital Pupucela ... y quizá también porque a veces las dos suenan parecido y no sólo cuando el alcalde pucelano convierte algunas declaraciones suyas casi en un problema de aerofagia, provocando así alguna expresión furiosa y poco fina de algún cazurro de honor escocido que exclama « pues si le salen pedos por la boca, ¡que le den pol culo sopas! ». Estas cosas pasan cuando la gente se pone a hacer ruido gratuíto y aturden (de los padres de los turutas espontáneos que atorran aquel fútbol africano nos hemos acordado también casi todos, estoy seguro).
En el fondo, la vuvuzela es una pedorreta en toda regla, pero con decibelio criminal y desquiciante. Mucho es de temer, pues, que empiece a poblar estos estadios nuestros. Lo hará. Por tres razones: es barato ese trompeto de las pelotas, los chinos no son tontos y nuestros oligofrénicos de grada sí lo son, lo copian todo como los pijos, los pedorros y los panolis; y si hace ruido, se rebozan de contento.
Si las catedrales de hoy son los pabellones deportivos (no te quepa duda de ello y de que hay políticos faraones con vocacion de obispo laico), al fin tendrán su órgano lleno de tubos, todo un órgano modorro de una sola nota, buuuuuu... como el roncón de las gaitas y como las morsas. Uf, qué peligro, se avecina la gran bobada vuvuzelana, ¿qué apostamos? La peña cazurra dará esta turra y la peña pucelana no será menos baturra y bufaleona. ¡Pues arriba esa picha con garra!, dicen aquí. ¡Pues arriba el De la Riva y esa polla con gorra en vez de garra!, piensan allá. Cosa de grada, dicen. Ya, pero nos va ese ruido. Sobra la razón. Aturdir es la única consigna. Son sólo tonterías gamberras, insisten. Ya, pero tengo demasiado visto por aquí que lo tonto acaba creciendo y al final lleva corbata, hábito de abad paponero o acta concejil.