Cornada de lobo | pedro trapiello
Señora y señora
En la luterana, pequeñaja y gélida Islandia, su primera ministra, Johanna Sigudardóttir (ex-azafata, líder sindical y lesbiana), celebró personalmente el día del Orgullo Gay casándose con una escritora de cierta fama... y a las jefas de la iglesia protestante de allí les ha sentado la osadía como una patada en todo el clítoris, a juzgar por cómo se les abrieron los ojos del susto o de la consumación. El parlamento islandés acaba de aprobar su ley de matrimonios homosexuales y la jefa del gobierno ha sido coherente, pionera y mascarón de proa.
E la nave va .
En los desfiles gays siempre hay alguna nave, una carroza que es barco. El barco simboliza la aventura y la conquista de un mundo nuevo. Ahí está el de Ulises o las carabelas de Colón, el Mayflower, el Exodus... Islandia vive de los barcos y la propia isla es un barco varado que tiene hielo en cubierta y volcanes dormidos en la bodega... el islandés es un pueblo muy marinero y tiene el meneo del mar muy asumido en el estómago... y como está lejos de todos y tiene noches largas para pensar, es listo y diferente, un pueblo muy suyo en el que cada familia tiene un caballo salvaje, más menudo que el asturcón, pero con más pelotas y pelo... allí la gente es civilizada y la delincuencia es inapreciable, el nivel cultural es elevado y fue nación pionera en dar a la mujer presencias relevantes en la política (en las tierras frías la mujer siempre mandó y llevó el carajo)... así que esa presidenta (divorciada y con hijos) ha demostrado un par de razones para dar el paso que ha dado: que el matrimonio heterosexual es demasiado a menudo tan catastrófico, castrador, peligroso o incluso mortal, que no queda ninguna gana de repetirlo... y que los hijos sólo dan fatigas hasta criarlos y, después, sólo disgustos, «así que, querida escritora mía, arrímate a esta presidencia y ensayemos la calma, la rima y la caricia... y que se nos rinda el protocolo cuando nos tengan que nombrar con un señora y señora »... Islandia es marinera. Entre marineros fue proverbial la homosexualidad. Veo, pues, a una furiosa monja luterana ensayando en su cole con los críos: hoy toca berrar una canción española de excursión, « los hermanos Pinzones eran unos maricones ».