Gente de aquí y de allí | Curso de verano sobre el vino en la bodega Martínez Yebra
Toros clonados y vinos bravos
El torero Juan Mora y el ganadero Ricardo de los Ríos, que clonará el segundo toro de lidia de España, asocian la Fiesta Nacional con la mencía en Villadecanes

Juan Mora, Javier Izquierdo, Pedro García Trapiello y Ricardo del Río, ayer en Villadecanes.
Un buen mencía, con cuerpo y color, puede ser tan bravo como un toro de lidia. Y dejar casi el mismo poso en la boca. Los saben los toreros que beben vino, como Juan Mora, que ha vuelto al ruedo después de años en barbecho, o los ganaderos que crían a los sementales y hasta los clonan, seleccionando los genes como quien escoge las mejores uvas, como hacen Victoriano del Río y su hijo Ricardo. Y también están al tanto algunos bodegueros y profesores de la Universidad de León que ayer dedicaron el curso de verano que estos días se desarrolla en la bodega berciana Martínez Yebra en Villadecanes a comparar la Fiesta Nacional con el mundo del vino.
Martínez Yebra ya se había relacionado con el mundo del fútbol desde que se convirtió en proveedor oficial del Real Madrid y vinculó el escudo del club merengue con la etiqueta de la mencía. Sus responsables, asociados a la Universidad de León para acercar la enología a los estudiantes cada mes de julio, se atrevieron ayer con otro arte todavía más complejo y más profundo. Más arraigado sin duda, como una cepa al terruño.
Y para desvelarlo a los profanos se pasaron ayer por las instalaciones de la bodega el matador de Plasencia Juan Mora, -”«torero de arte y templaza», según lo definió el empresario y ponente de la conferencia, Javier Izquierdo Moradillo-” y el ganadero Ricardo del Río, que está desafiando los cánones de la Fiesta al clonar, por segunda vez en España, un toro bravo a partir de las células de un viejo semental. Minutos antes, el escritor y columnista de Diario de León Pedro García Trapiello, también había ofrecido su particular visión del mundo del vino y su evolución en la provincia con una ponencia que partió de una frase que pronunció el rey Alfonso XI después de arrebatar las tierras de Zamora a los moros. «Tengo un Toro que me da vino, y un León que me lo bebe», cuenta Trapiello que dijo un monarca al que los musulmanes llamaban, sus razones tendrían, El Baboso .
El nombre del toro viejo, cuyos genes se niega a dejar perder Ricardo del Río, es más noble. Alcalde , le bautizaron y aunque no ha corneado a ningún torero, desde joven, al tentarlo, ya vieron que lo suyo era mejorar la raza de lidia antes que batirse en el ruedo. Después de 19 años -”toda una eternidad para un astado-” Alcalde está viejo, pero su descendencia ha sido tan abundante y de tan buena casta que la familia Del Río, siguiendo el ejemplo de la ganadería Guardiola, ya ha firmado un convenio con la Universidad Complutense de Madrid para perpetuarle.
Vinos y toros innovadores. Como en los vinos, los ganaderos también innovan. «Es un experimento, aunque nos digan que vamos a caer en la picaresca de que todos los toros sean iguales, la vaca donde se va a implantar el embrión también aporta el 50 por ciento», respondía ayer Ricardo del Río a la pregunta de si no teme la crítica de los más puristas. «Si el resultado fuera negativo, no seguiremos», añadía. La respuesta la sabremos a mediados del año próximo.
Y como en los vinos, los toreros también arriesgan. Juan Mora no sabe cuantas cornadas lleva en su cuerpo desde que tomó la alternativa hace 20 años. Pero sí sabe que el vino y el toreo comparten lenguaje. Una buena faena «se paladea» o «deja un buen poso», cuenta el diestro de Plasencia, del que ya han escrito fandangos, pasodobles y poemas.
Por lo demás, Juan Izquierdo no dejó de recordar que también ha habido familias que se ha dedicado por igual a la crianza del vino y a la de los toros. Ahí están los Álvaro Domecq, y por su puesto, los Osborne, que han llenado las carreteras de toros negros para anunciar su brandy y sus vinos de Jérez.