Diario de León

Cornada de lobo | pedro trapiello

Pies negros

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pedro trapiello
León

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Hermosos están los montes; mira ahora mismo Bierzos, Sajambres, Almanzas o el encinar de Bécares... las cunetas están galanas; jamás se vieron tan burros los cardos y tan altos los hinojos con sus anises... los campos andan en su sazón, el verdor es verdebotella o verdilagarta y el rubio platino de los rastrojos al mediodía se ríe de los pelos de Lady Gagá... el robledal se esporpolla, la mata montesa se tupe... ahora es cuando se nota lo remojada que vino la primavera pasada y qué empujón fenomenal le dio a todo lo que crece con los pies en la tierra... todo está guapo, si le dejan... pero ya verás como llega el tonto de la cerilla o el hijoputa del cerillazo y se nos cuelan los dos en el cuadro llenándolo todo de humo, de ceniza y de laderas carbonizadas por las que correrá después un reguerillo de lágrimas de cocodrilo con despacho.

Hagamos, pues, rogativas para que descarguen tormentas a cántaros cada vez que asome el incendiario. Cuando agosto se revista con esas colchas de hierba alta y seca que ponen patas al fuego como si fuesen yesca, habrá que tener siempre cerca un caldero... y estarse muy al tanto o se nos quemarán hasta las alpargatas. Viene este estiaje con alertas y se anuncian más fuegos cuando ya no son soportables estas terribles cuotas anuales de montes charruscados, ese peaje ya rutinario que venimos pagando con ojos que no ven y desiertos que nos miran.

En un país que arde cada verano, es de tontos tolerar tanto cáncer de pulmón forestal... y es de necios verlo en el telediario para que, con tanto fuego, sólo nos entre sed y pidamos otra caña, quizá con con la cívica intención de apagar un pino en llamas con dos eructos... es de tontos, necios o suicidas, no se sabe.

Se sobrecoge Sócrates Valdueza cada año cuando el fuego zurra con saña especial los montes bercianos en los que siempre se esconde algún arbolón centenario, castañones imposibles de abrazar entre cinco, roblones del carallo, zufreiros relicarios... e insiste Sócrates en por qué llama a León territorio pies-negros , como el de los indios en Montana: la mitad cazurra ha pasado veinte siglos seguidos pisando uvas y la otra mitad pisando montes quemados o carbonilla.

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