Cosas de aquí | Encuentro en torno a las tradiciones
Pendones junto a la orilla
La comarca de La Cepeda hizo ondear sus estandartes en su fiesta anual, que reunió a dos mil personas a la vera del pantano de Villameca

Los mozos pujan los pendones instantes antes de la misa de campaña.
Por la serpenteante carretera que conduce al pantano de Villameca se oía una dulzaina. La fiesta estaba cerca. Al girar en un recodo aparecieron, de frente, los pendones. En fila india, ondeaban lo poco que se lo permitía el escaso viento que ayer soplaba junto al embalse.
Los mozos bailaban, más que sus estandartes, al ritmo de la música. Villarmeriel, Ferreras, Riofrio y Castro de Cepeda sacaron ayer a pasear sus señas de identidad más arraigadas, sus pendones, esas enseñas tan típicamente leonesas que, según algunos cuentan, derivan de las que mostraban los ejércitos medievales en el campo de batalla para distinguir amigos de enemigos.
La mayor parte de las localidades que ayer estuvieron representadas en la fiesta de la comarca de La Cepeda recuperaron este símbolo en los últimos años. Otras lo están haciendo ya, así que es de suponer que en futuras ediciones de este encuentro el desfile de pendones vaya creciendo. El de ayer, al llegar al lugar elegido para la misa de campaña, se convirtió en exhibición, y alguno de los mozos hasta se atrevió con algún alarde bajo la vara.
La vigésimo séptima edición de la fiesta comarcal de La Cepeda reunió ayer a más de dos mil personas a orillas del pantano de Villameca, según fuentes de la organización. Los cepedanos, que festejaban así el día del patrón Santiago, no faltaron a la misa campestre, en la que tuvo lugar la tradicional ofrenda de productos de la tierra, cultivos y frutas entre otros. Después probaron suerte con el concurso de jotas y bolos, otras dos citas ya clásicas de una jornada como la de ayer.
Muchos romeros se sumaron a la paella popular, otros prefirieron compartir con los suyos su propia comida a la sombra de los pinares del embalse, otro elemento aglutinador del sentimiento cepedano. Durante toda la jornada hubo actividad para grandes y pequeños. Pero al caer la noche la celebración se hizo más íntima. Todos se agolparon para disfrutar de lo que constituye quizá la propuesta más atractiva de la fiesta: los fuegos artificiales. Son un espectáculo por partida doble porque son visibles en el cielo y en el agua. El pantano se convierte entonces en un espejo en el que también explotan en colores miles de luces, que alumbran la oscura estampa de los pinares.