La enfermedad como fuente creativa
El médico Blas Gil Extremera demuestra que las dolencias que sufrieron Mozart, Cervantes, Van Gogh y hasta Frank Capra fueron fuente de inspiración creativa

Manuscrito «Cosí fan Tutte», de Mozart, recuperado por la Autónoma de Barcelona.
¿Qué tienen en común Julio César, el pintor Vicent van Gogh, los compositores Wolfgang Amadeus Mozart y George Friedrich Haëndel, el escritor Miguel de Cervantes, los actores Charlton Heston y Rita Hayworth, y el cineasta Frank Capra? Que todos ellos aportaron a la historia de la humanidad grandes obras maestras o históricas gestas, inspiradas por un genial instinto creativo que les surgió mientras padecían graves enfermedades. La enfermedad, por tanto, puede ser fuente de inspiración creadora. Es más, «puede ser el origen de creaciones geniales que pasan a la posteridad», dice el médico y catedrático Blas Gil Extremera, autor de la obra Enfermos ilustres. La enfermedad, fuerza creadora.
El ensayo recoge pasajes de las vidas de 100 personajes con graves problemas de salud que, a lo largo de la historia, crearon grandes obras maestras. El libro incluye a enfermos que se convirtieron en genios desde el siglo I antes de Cristo, pasando por el Medievo, el Renacimiento, el Barroco, la Época Moderna, el Romanticismo y los siglos XX y XXI hasta nuestros días. El glosario de grandes e ilustres protagonistas, que padecían patologías diversas, recorre desde la milicia y la política hasta la pintura, la música, la literatura, el cine y el teatro, entre otras artes
Todos estos personajes tienen en común, según Gil, que dieron vida a «grandes obras, no tanto a pesar de su estado de salud, sino, por el contrario, gracias al mismo». Las patologías descritas abarcan desde las -˜clásicas-™, como la diabetes, a otras más recientes como procesos cardiovasculares, demencia, cáncer, enfermedades digestivas, inflamatorias o degenerativas. La tesis de Gil Extremera es que «existen numerosos ejemplos en la historia de determinados personajes, incluso genios, que, a pesar de tener una enfermedad, han creado obras que han pasado a la posteridad». Y, además, en épocas en que «las circunstancias eran mucho más adversas y no existían los avances en medicina».
Dejada de lado. Un caso llamativo es el compositor barroco del siglo XVIII Haëndel. «Me llamó la atención -”dice Gil-” que en un momento determinado hay una interrupción brusca en su producción operística y luego aparece con una obra totalmente diferente que es el famoso Mesías . Gil analizó esta paradoja y descubrió que el compositor «padeció un ictus cerebral, que le dejó prácticamente paralizado medio cuerpo. Los médicos le desahuciaron. Pero a veces ocurren milagros en la medicina y recuperó por completo el habla y la movilidad en las extremidades». Otro ejemplo que ilustra el binomio enfermedad-”genialidad es el de Van Gogh, «que padecía epilepsia. Hay -”señala Gil-” un paralelismo entre las fases epilépticas, cuando no existía tratamiento para esta enfermedad, y su pintura. Así, surge la «etapa negra» del pintor, cuando utiliza ese color y sus motivos pictóricos son muy tristes, como la muerte. Cuando llega el momento en que se encuentra mejor, sus pinturas reflejan la naturaleza, la luz y las flores». Miguel de Cervantes padecía de diabetes y, «a pesar de ello, se enfrascó en su objetivo fundamental: El Quijote ».
En el cine. «La enfermedad no es un obstáculo, sino que la dejan a un lado y se centran en lo que les interesa, que es la obra que están creando en el campo de la pintura, la música, la literatura o cualquiera otra de las artes», subraya Gil. Actitud positiva Gil, apasionado del cine, también cita a personajes ilustres del mundo cinematográfico. Por ejemplo, el actor Charlton Heston, que falleció de demencia. «Tuvo conocimiento de su demencia con cierta antelación y siguió trabajando hasta el último momento», reseña.
Otro caso paradigmático es el del cineasta Frank Capra, director de la película Qué bello es vivir . «Tenía una cefalea que los médicos llamamos en racimo y que causa un dolor horrible y desesperante que afecta a los ojos. Sin embargo, Capra pedía a Dios que lo dejara descansar durante un período del día para poder terminar su última película». Sostiene Gil que los enfermos pueden aprovecharse de estos ejemplos históricos, y verse reconocidos en algunas de sus patologías, para enfrentarse a su enfermedad desde un punto de vista más positivo y esperanzador. «Cuanto más negativas se ven las cosas, el enfermo se va hundiendo más en sí mismo y va empeorando su situación. Si la enfermedad la enfoca en un sentido más optimista, se puede luchar mejor contra ella y seguir, al tiempo, con la actividad que habitualmente se realiza».