Cornada de lobo | pedro trapiello
Pepín, cardenal
Da buen juego en León hablar de curas castrenses. Por alguna razón, aquí está la mayor cantera nacional del gremio; desde hace siglos, lo castrense, como lo mayoral, se dio muy bien en estas montañas llenas de arcedianos con sobrinos y rabadanes sin ellos, aunque he de aclararle al hijo de un amigo que castrenses no tiene nada que ver con castrones, machos cabríos castrados o individuos sin capar que sirven sólo para cecina, para llevar cuernos o para empadronarse en la cabronada, constituyendo hoy en día una especie en expansión en todos los ecosistemas urbanos y cámaras agrarias. Pero lo de castrense es un rango, chaval.
Si capellán castrense era un todo un honor, vicario general castrense (y su título inherente de arzobispo de Sión ) sonaba a virreinato y a tararí cuartelero de capitán general. Ahora, en nuestros ejércitos pita poco o pinta nada y su titular quizá añore los viejos honores, banderines y taconazos con que se anunciaban, pues su rango era el de capitán general; y su paga, también.
Mediado el franquismo, ocupó ese cargo más de quince años monseñor Muñoyerro, que tenía un pariente cercano, vecino al lado, y acudía con alguna frecuencia a saludarle y a darnos caramelos a los guajes que le asediábamos. Tiempo después, ocupó ese mismo cargo monseñor Jose Manuel Estepa, también ligado en su juventud a esta ciudad en la que empezó a estudiar para cura, razón por la que una tía mía (que casi trataba de usted a su propio hermano cura) le llama hoy muy familiarmente Pepín como si le siguiera viendo en pantalón bombacho.
Pues a Pepín le nombró el Papa hace tres días cardenal y le echarán encima la púrpura dentro de un mes en Roma junto a otras dos docenas de nuevos cardenales (¿por qué los cardenales se mueren siempre de tres en tres?), así que ya se montan comitivas y cortejos, buses de capellanes y toda una tropa de estado mayor con galas y velos.
Dice un ratón de vicaría, sin embargo, que el sucesor de Estepa no celebró mucho su nombramiento, aunque sabe que estos cardenalatos después de los ochenta son puro chichimoni y sólo valen para el homenaje y el voto. Pero Estepa sigue valiendo a su edad y eso ha puesto nervioso al heredero.