Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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H ace cien años, y menos, la mujer que fumaba era tachada de locuela, fresca o puta, según fuera su consideración social. Los párrocos aconsejaban entonces recelar o distanciarse de señoritas que fumaran; era vicio puro de artistas y cabareteras (mira la Garbo y la Montiel, qué dos pendones, apostilló don Maurilio).

Hoy las mujeres fuman tanto o más que la peña varona. Es otra conquista de la normalidad en la igualdad. También la guerra varona era aborrecible y se empeñaron en hacer la mili o pelear por los galones. Allá ellas. Fumar es malo y matar lo es mucho más, pero fumar sólo nos llevará al paredón de la multa y las guerras seguirán llevándonos a la tribuna de las medallas, dijo una. Mira tú qué bien.

Hace cincuenta años, se consideraba gesto de gran caridad el que los guajes de la parroquia lleváramos los domingos tabaco de liar y pitillos sueltos a los ancianos del hospital de San Antonio Abad acogidos allí por dolencias graves o quebrantos de pobre. Y se fumaba en aquellas salas de camas corridas y techos en las nubes. Era para aquellos viejines como un alivio saludable en su postración, aquel tedio hospitalario. Hoy, sin embargo, me parece que era como ofrecerle un pitillo de última voluntad al que va a ser fusilado.

¡Quita ese fumarro de la boca!, me regañaba siempre la abuela Amada, ¡mira tu abuelo!... pero como mi tío el cura fumaba la intemerata alternando entre rubios bisontes y negracos canarios, pues me sentía absuelto (si se juntaba con Antonio de Lama, la cosa era cocina de curar y niebla londinense). Conclusión: fumar, incluso con fruición, no podía ser tan malo si lo hacía gente tan buena (y tan divertida; no parecían curas en la distancia corta).

Los curas fumaban, pero las monjas jamás (eso creo). Sin embargo, fue una gentil dominica francesa de Pucela la que me confirmó en el fumeque llevándonos latas de tabaco a los novicios de Caleruega. Qué placer aquel cigarrillo y café de los domingos. Un día, allí, el cardenal Tarancón me regaló de tapadillo su paquete de Celtas , qué honor (lo tomé como ordenación sagrada en la Orden del Fumarro). Pero, añorado cardenal, ¿qué apuesta a que mañana, por lo mismo, prohibirán a los incensarios fumar en recinto público?

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