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Que actúen otros
Un estudio sobre actitudes y comportamientos de los españoles respecto al cambio climático en Europa refleja la preocupación de éstos sobre el tema

Los españoles están preocupados por el cambio climático, pero apenas contribuyen a reducirlo.
La mayoría de los españoles comparten con los europeos su preocupación por el cambio climático y creen que el fenómeno no se ha exagerado, pero figuran entre los más remisos a actuar y a asumir acciones que reduzcan los gases contaminantes. Así se desprende de un estudio sobre actitudes y comportamientos de los españoles respecto al cambio climático en Europa, presentado ayer en un seminario organizado por la Fundación Gas Natural e inaugurado por la ministra de Medio Ambiente, Rosa Aguilar.
El estudio, realizado por Analistas Socio-Políticos (asp-researchcom) y basado en datos del Centro de Investigaciones Sociológicas, del Euro-Barómetro y de la Fundación BBVA, refleja que casi todos los españoles saben que el uso de combustibles fósiles potencia el efecto invernadero, aunque muchos confunden el calentamiento global con el «agujero» de la capa de ozono.
Este error se produce en muchos países europeos; sin embargo, en España es muy «notorio», y alrededor del 60% cree «definitiva» o «probablemente verdadera» la afirmación de que el efecto invernadero se debe a un agujero en la atmósfera. De acuerdo con los datos manejados por dicha consultora, en el 2009 la mayoría de los españoles y europeos coincidían en que no se exageró la gravedad del fenómeno, aunque los ciudadanos españoles no sitúan el cambio climático en el primer lugar de los problemas globales. Primero nombran la pobreza y el hambre, la crisis económica y, en tercer lugar, el cambio climático.
Al igual que los europeos, hay un amplio porcentaje de españoles que consideran que el cambio climático puede resolverse. La mayoría opina que «todos» pueden hacer más en la lucha contra el cambio climático, sobre todo la gran empresa, seguida del Gobierno. Los ciudadanos también deben actuar, «pero menos» y de hecho, su compromiso tiene sus «límites».
Pese a que van calando comportamientos ligados a una menor emisión de gases invernadero en el conjunto de la Unión, España se coloca en posiciones rezagadas en una amplia serie de acciones.