Gente de aquí | Un regidor con dedicación más que exclusiva
Un cicerone con bastón de mando
El alcalde de Grajal cambia de rol para enseñar su pueblo a los turistas

El alcalde de Grajal de Campos, Francisco Espinosa (derecha), ejerciendo de guía turístico.
«Cuando viene uno de esos grupos que va a lo suyo, me tengo que enfadar para que me escuchen, y les digo: hasta del más tonto siempre se aprende algo, y luego, al final les dejo con la boca abierta». Con esta pasión cuenta Francisco Espinosa, alcalde de Grajal de Campos desde hace casi veinte años, su experiencia como guía turístico en su pueblo. Cansado de esperar a que desde las instituciones públicas le prometan un servicio de guía que nunca llega, hace años que intercambia el bastón de mando del Ayuntamiento con el de guía, en lo que para él más que una obligación, la de enseñar a todos los visitantes el impresionante patrimonio histórico de su localidad, se ha convertido en su gran pasión. «Nadie sale de aquí sin conocer la historia de Grajal», asegura Espinosa, que a sus 76 años, y a golpe estudiar, de leer y de documentarse, es una de las personas que más saben del patrimonio y de la historia de Grajal de Campos, una localidad que, a pesar de su escaso reflejo en las guías turísticas de la comunidad, ha llegado a alcanzar este verano los 200 visitantes diarios. «Lo primero que dejo claro a los turistas es que el nombre de Grajal no viene de los grajos, como vulgarmente se ha dicho, sino por sus fundadores, los hermanos Tiberio y Sempronio Graco, dos romanos que se asentaron en estas tierras en el año 117 antes de Cristo», explica Espinosa.
Sus rutas por Grajal son más que un recorrido turístico por sus imponentes monumentos, como el castillo, el palacio, la iglesia de San Miguel, la ermita de la Virgen de las Puertas, el Hospital de Nuestra Señora de La Antigua o el Convento de Nuestra Señora de La Antigua, es un viaje a través de la historia que sitúa al visitante en la edad media. «Cuando llevo a los turistas al oratorio del castillo, donde los Condes de Grajal escuchaban misa, y les cuento que se ponían allí para no juntarse con la plebe se quedan fascinados», comenta Espinosa que, además, enseña el lado más desconocido del pueblo, como las casas pertenecientes a los judíos, los administradores de los nobles, y a los que muchos descendientes de Grajal, como los Espinosa o los De Godos, deben sus apellidos.
Lo que más le llama la atención a Francisco Espinosa es comprobar el grado de sorpresa de los turistas, que normalmente vienen recorriendo el Camino de Santiago, o de rebote después de visitar Sahagún. «No se esperan encontrar con esto, se quedan alucinados. Los que más interés muestran son los catalanes, quieren saberlo todo, preguntan sin parar. En cambio hay muchos que vienen como ovejas, a pasar el rato, entonces les cuento anécdotas para captar su atención, como que la ciudad de León pidió auxilio a Grajal y a Cea durante la batalla de Almanzón, tras la que quedamos arrasados y tuvimos que empezar de cero».
El alcalde-guía, también habla de la historia más reciente de Grajal, como el conflicto con las monjas Carmelitas. «Después de la última desamortización de Mendizábal, en el siglo XVIII, Grajal perdió cinco de sus siete parroquias y dos monasterios. Uno de ellos, fue malvendido a una congregación de monjas Carmelitas Descalzas expulsadas de Guatemala en el año 1850. Después de restaurarlo, el pueblo les cedió la iglesia, para que practicaran el culto. Tras estar en Grajal 150 años, las religiosas se marcharon hace tres años a Toledo y se llevaron las tallas del Cristo Yacente, posiblemente del siglo XIV, la Inmaculada Concepción y San José con el Niño en Brazos, ambas del siglo XVII, por las que el pueblo aún lucha en los tribunales», explica. Pero su labor como alcalde tampoco se queda corta, Espinosa se ha pasado media vida política reivindicando subvenciones para conservar y recuperar el patrimonio de su pueblo y convertirlo en uno de los más bellos de la provincia.