Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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U n bando de tordos muy poblado (e inusual) ha llegado esta otoñada a la ciudad. Son estorninos, pero aquí se dice tordos y te entiende todo el mundo. Miles de tordos. Se acuestan al atardecer en arbolones de jardines o bulevares y dejan un rastro guarrete que enerva a la señora Nuncia y desquicia al concejal, pues amanecen los bancos del paseo cuajaditos de cagarruta que deja la culera como mono de albañil. ¿Problemón al canto? Ya ves. Agua y espropajo, decía la abuela. El problema no es de los pájaros; están en su papel y en su derecho.

En otoño, al tordo le gusta el bando enorme y así se mueve. En mi recuerdo vuela todavía el más gigantesco que he visto jamás, era septiembre, atardecía y en mitad de la plaza mayor de Ciudad Rodrigo nos quedamos plantados como pasmarotes rompiendo la nuca y mirando al cielo donde evolucionaba aquella nuble negra con sus característicos espasmos, bandazos y caprichos como si fuera un enloquecido banco de sardinas atacado por delfines. El bando que aquí se acazurró, siendo grande, no es ni la vigésima parte de aquel que le daba banderazos fantasmales al ocaso salmantino.

Es un espectáculo grandioso ver esos quiebros sorpresivos, las evoluciones automáticas de todo el bando a la vez. Me hago siempre las mismas preguntas: ¿por qué el primero y el último de esos pájaros hacen el mismo quiebro en la misma dirección y en el mismo instante con una exactitud asombrosa?, ¿es una orden biológica, eléctrica o feromonas que conectan a todo el bando en una sola mente y en una danza sincronizada al segundo y al milímetro?, ¿quién da las órdenes de vuelo y zigzag?, ¿y por qué esos quiebros y revueltas, si nadie les acosa o les asusta?, ¿es por jugar antes de irse a dormir o por entrenarse en fugas?... Lo innegable es que algo les conecta, forman parte de una «red». Cuando están solos, van a su bola, pero enchufados a esa «red», al internet de los tordos, son una máquina de precisión.

Un día estará todo el mundo conectado a Internet. Ya nadie lo duda. ¿Será entonces la humanidad un gigantesco bando moviéndose aquí o allá porque lo hacen todos a la orden de no se sabe quién?... ¿seremos como tordos?...

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