Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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D ice mi psiquiatra de cabecera que la pirámide de necesidades del ser humano se sustenta, primero, en saciar el hambre agarrándose ya de recién nacido a una teta, que en la edad adulta pasan a ser dos, pero en otro sentido, hasta hartar lo que está un palmo más abajo del ombligo para, por último, satisfacer las de reconocimiento social, por otro nombre vanidad, dinero, un buga más grande que el del vecino, etcétera Quien no interactua así anda majara por la vida o, por lo menos, tiene una pedrada.

Esto vale para la gente normal, porque en tocante a los políticos dicha pirámide se invierte y a lo primero que aspiran es a una foto en el periódico que les apuntale al sillón, ligar como Sarkozy, el que valga, y comer del Presupuesto, que está garantizado. En el argot periodístico a tal disfunción de la personalidad le llamamos desde siempre «chupar cámara» y los más finos «síndrome de La Moncloa», de la diputación o del ayuntamiento. Todos se matan y algunos se mueren por salir a diario en la foto, hasta el punto de que no se sabe de dónde sacan luego tiempo libre para trabajar por el pais y por su señora. «Lo importante es la foto», le dijo Zapaterohará un par de meses en Nueva York a Obama (o a otro mandarín, porque el leonés se repite en los carretes del mundo mundial, tanto que ya ni lo distiguen), aunque hay algunas muy desgraciadas, como las de las hijas de José Luis en la Casa Blanca, que este haloween he colgado yo en la mía para espantar al cobrador del frac.

Una imagen vale más que mil palabras si se garantiza el parecido, pero a lo peor no es el caso del gabinete de prensa y progapanda del presidente español. Recién estrenado uno en esta profesión, cuando Franco ya había llegado a general, el entonces gobernador civil de León, don Luis Ameijide Aguiar, allá a primeros de los setenta, convocó a los periodistas para entregar los premios de natalidad del año a las familias más prolíficas, que naturalmente eran casi todas de Benabides de Órbigo, la que menos con catorce hijos, tierra de regadío y no vea usted con qué manguera. Los parientes lejanos que todavía tengo allí -”y espero que no se me cabree Amparo Núñez-” casi quedan los segundos. Pero, a lo que íbamos, la cosa del acto oficial marchaba bien hasta que, una vez acabado, el cámara de televisión Jesús se percató de que no llevaba película. Hubo que recargarle el aparato y repetir otra vez los discursos oficiales con los pobres niños pidiendo un vaso de leche. Al hijo de Jesús, que es de mi quinta, todavía me lo encuentro de vez en cuando en la panadería y sonríe. Se salió de fotógrafo a tiempo y ahora está colocado como Dios de prejubileta en Antobióticos.

Hubo un tiempo en que se suponía que el mejor gobernante era el que nunca se retrataba en los papeles, dándose por supuesto que pasaba el día trabajando como un negro, lo mismo que Obama. Hoy, por el contrario, no asciende en el partido nadie que falle un día en la foto del periódico, a ser posible repetida.

He aquí el manual de un delegado, subdelegado del Gobierno, presidente de la Junta, de diputación o alcalde. Pongamos que se va a construir una autovía de diez kilómetros, tampoco hay que pasarse en tiempos de crisis. Entonces va el político y la incluye entre las promesas electorales más sonrientes porque era una vieja reivindicación de su pueblo y a él se le encendió una bombilla en la mollera. Si gana, presenta en rueda de prensa el anteproyecto con fotógrafos a toda pastilla, luego el proyecto con un ingeniero de postín a su vera, más tarde la licitación de las obras, la adjudicación, la colocación de la primera piedra, las visitas a la primera, segunda, tercera fase, etcétera, y, al final, la inauración con canapés y el ministro Pepiño, si es del PSOE, o con el presidente Herrera, si es del PP. Que al día siguiente haya que bachear la carreterina es otro tema.

Resulta paradógico que en la era de los móviles con cámara digital los fotógrafos de prensa tengan tanto trabajo. En cambio los de calle, bodas y primeras comuniones de toda la vida se han quedado en el paro, aunque a veces las imágenes eran mejor que un teleñeco o el clon de una cuñada, depende de si estás apuntado a una televisión de izquierdas o de derechas. Vaya, en todo caso, nuestra solidaridad con ellos.

A los psiquiatras se les olvida a menudo la función notarial de la información, que, esa sí, figura entre las necesidades más primarias de la clase política, ay, doctor Freud. Es el mundo al revés y la prueba es cómo nos va los demás.

A saber, dos puntos: lo que no sale en el periódico no existe.

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