Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

Creado:

Actualizado:

U n cuasiprofeta que jamás pretendería serlo sólo necesitó anteayer dos palabras, ni una sola más, para dibujarnos con gran detalle el futuro: tristes y gordos. Lo demás importa menos. Terrible cuadro.

¿Tristes?... Supone Sócrates Valdueza que es lo malo que tiene el saber mucho, que todo se puede desear. Malo. En el futuro podremos saber casi todo gracias al texto instantáneo que vomitarán pantallitas de colorines instaladas hasta en el fondo del plato de la sopa (para que sepamos también en ese instante quién es el dueño del pesebre y del destino). En ese futuro ya tan presente se tendrán deseos y sueños que jamás nadie pudo sospechar o fabular hace tan sólo cuarenta años. Pero no alcanzar esos deseos que, sin embargo, vemos cumplidos con alardes en algunos tipos cercanos o en lejanos paraísos de película, es lo que deprime o derrota, lo que agría el carácter y lo que invita a la peor pesadumbre, la de «con queso y quejumbre». ¿Se confirmará entonces que la felicidad reside en buena medida en la ignorancia o en la memoria de un pez?

¿Y gordos, por qué? Sócrates recurre al tópico: es tiempo de penas, las penas con pan son menos, el chocolate es lo mejor para la melancolía y el sofá se convierte en un perfecto útero para escapar del drama exterior, un sofá que exige muchas horas tendidas con picoteos, cervezas, calderos de patatas fritas y hamburguesas de tres pisos, aguardando la llegada de algún mesías en tacones, de un pelotazo a gol o uno de los premios troleros que berran en los mil y un concursos de la tele.

Y ya está perfilado el futuro que nos espera: tristes y gordos. Y tristas y gordas, ¡ home, no !, también va con ellas. En el culazo yanqui está el espejo. ¡Cielo santo, qué volúmenes se sientan (si caben) en el metro de Nueva York con sus curvas de odre o botillo! Por eso quiere allí su alcalde reducir la comida basura, poner no smoking hasta en Central Park y meterle footing a la gente para adelgazarle la raza (y bajar coste sanitario), aunque aquí es donde Sócrates tiene dudas, se rasca el cogote pensativo, atornilla la gorra, pregunta y se lamenta: ¿y qué haremos ahora con aquel viejo principio de Arquímedes, el de « a más grasa, mejor se pasa »?

tracking