CORNADA DE LOBO
Inmaterial
L o mismo que existe ese patrimonio inmaterial que muchos pretenden colocar a la sombra de una Unesco que no da tanta para tanto como cobija, habrá de existir el matrimonio inmaterial , pues si patrimonio es el capital del padre, también la madre tendrá el suyo, ha dicho algo engallada la mujer de Sócrates V., que es medio babiana o babieca y eso quiere decir mujer de mucho arranque o de plantarse en sus trece, que es como le enseñaron a ella a contar las docenas (de huevos o de lo que haya).
El flamenco, els castells, el canto de la Sibila mallorquina, la dieta mediterránea y la cetrería han sido, finalmente, las candidaturas que se han llevado el gato al agua (¿y por qué el gato?) en eso de declarar una cosa como patrimonio inmaterial , algo que concede la Unesco con mucha maquinaria y teatro para que finalmente se hable de ello unos días en los medios y se cuelguen escarapelas los promotores y paganos. Pero... ¿de verdad recuerda alguien qué se declararó el año pasado patrimonio inmaterial de la humanidad ?...
Ahora es Sócrates V. quien se pregunta qué fue, entonces, de aquel ruido tan ruidoso del filandón, sí, home, aquel jaleo de formalizar (pagando, eh tú) la candidatura del filandón para elevarla a la categoría de «patrimonio inmaterial o intangible de la humanidad humana entera»... pos habrá que preguntálo, chacho, yo qué sé ...
Al flamenco llevaban denegándole esta «distinción» hace años y, al fin, ahí la tienen, báilalá, báilalá, no le quietes el mandil. Los flamenquistas dicen que ni puta falta hacía, que el flamenco es algo vivo, que es algo muy tangible y que es parido cada día por mil voces que se hacen materia, concierto, disco, espectáculo y dinero. No era absolutamente necesario que nadie le bautizara de nuevo con una pegatina de la Unesco, que además está tan lejos.
Pues al filandón, chacho, sí le cabe el título de inmaterial, porque ni existe, ni se celebra, ni ná de ná. Murió del todo. Ni eco. Los que aquí ves ahora, oh Fabio, son sólo teatrillo o velada lírica camuflada. Entonces, ¿qué es todo este lío del patrimonio inmaterial?...
Lo más seguro, negocio y marketing, resolvió Sócrates, calóse la gorra sobre las cejas, inhibióse y no dijo más.