Diario de León

Cosas de aquí | La norma contra la costumbre

Una feria de trote corto

La cita de equinos de San Andrés registró un 20% menos de animales debido a la nueva normativa de identificación por microchip

Los potros llenaron los corrales, en los que abundaron caballos de carne por encima de los de monta

Los potros llenaron los corrales, en los que abundaron caballos de carne por encima de los de monta

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a. caballero | león
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Pasea el tratante de la visera ladeada como con descuido, al lado de los corrales, y cuando el dueño de los potros pone postura, echa una mirada a los cuartos traseros, chasquea la lengua por el colmillo y lanza un comentario malicioso: «Parecen con hambre. ¿No serán de esos abandonados de Boñar?». No le hace ninguna gracia al paisano, que se desentiende de la jugada, palmea el lomo las crías y contesta con sorna: «No, qué va, esto no es el rastrillo solidario». El eterno juego en el que el comprador volverá después a tantear el precio, simular que no tienen interés y terminar por cambiar un apretón de manos con el que se sellan los contratos más firmes desde que en esta tierra el leonés entendió que lo más productivo sería lo sacara a diente. Una estampa repetida ayer con insistencia en la feria equina de San Andrés, celebrada en el Mercado Nacional de Ganados de la capital leonesa, donde se contabilizaron cerca de 1.200 animales, un 20% menos que en la última edición, con predominancia de las reses de carne, como los hispano-bretón del Valle de San Emiliano, y escasa presencia de las animales de monta, cruces de español-inglés e hispano-árabe que en anteriores citas concitan la atención de los asistentes.

El descenso, que ya se notó en las citas de febrero, San Juan y Todos los Santos, encontró más razonamiento en la nueva normativa sobre identificación equina, que obliga a identificar mediante microchip y emisión de un pasaporte a todos los equinos incluidos caballos, asnos, mulos y sus cruces, según el gerente de la instalación, Miguel Ángel Arias, que en las condiciones meteorológicas. No faltaron los potros gallegos, asturianos, castellanos, manchegos, madrileños y extremeños. Acentos que conforman un caldo común en los corrales del mercado, que cada año se constriñen más para que no parezca que el espacio vacío crece de forma paulatina. Una pena a la que se resisten los tratantes y ganaderos. Enemigos en la puja, pero amigos en el apretón de manos.

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