Diario de León

Diario de una aventura

Cima en Cerro Gorra Blanca

Continuaremos nuestra travesía y descenderemos por el Paso Marconi. Nos queda mucho para llegar a El Chaltén pero ¡que nos quiten lo bailao!

Nico avanza ya a muy pocos metros de la cima.

Nico avanza ya a muy pocos metros de la cima.

Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Hola amigos, amanece un buen día, buenos augurios... Son las seis de la mañana, Julián toca diana y en media hora estamos en marcha hacia nuestro objetivo, el Cerro Gorra Blanca, de casi 3.000 metros. Primero tenemos que descender una pala de nieve, para alcanzar el glaciar del Cerro Gorra. Remontamos ese largo glaciar que se hace interminable durante cuatro kilómetros ascendiendo suavemente, después empieza una mayor inclinación con grietas gigantes que nos obliga a encordarnos, hay que estar firmemente sujetos a la cuerda, pues una caída en una de estas gigantescas grietas te mataría. Esta enorme montaña es muy engañosa, parece que está cerca, pero está lejísimos, y siempre estás ascendiendo. Vamos con raquetas de nieve, pues la capa de nieve que ha caído es muy profunda, lo que obliga a un gran esfuerzo. Nico Terol está hecho un toro, y nos sigue sin problemas, y eso que se tiene que adaptar a muchas cosas nuevas para él: raquetas, arnés, cuerdas, crampones, piolet, etcétera. Es un acierto haber traído a Nico porque disfruta de una manera tan entusiasta que da gusto escucharle, ¡cómo se lo esta pasando¡.

Yo mismo me sorprendo de la inclinación que están tomando las paredes de esta mole helada, y hacía tiempo que no veía un hielo tan duro.

Después de unas siete horas sin parar, alcanzamos las viseras de hielo de la arista cimera, que son un auténtico jeroglífico de posibilidades. Los fortísimos vientos han modelado, con el paso del tiempo, enormes viseras que vuelan al abismo de una manera imposible, y la superficie parece un campo de coliflores de hielo, muy difícil de negociar. Escalar sobre este extraño hielo es costoso y se rompe a cada paso que das. Llevamos muchas horas y muchos metros de desnivel y las piernas lo acusan, pero tenemos claro que ya no hay quien nos pare. Voy de primero y me concentro para no cometer errores.

Nico, Kike, Emilio, Julián, y dos de los chicos además de Diego llegan también, pero sorpresa: ¡no es la cima! La estrecha cima se ha fracturado en dos y nos hemos quedado del lado menos alto, ¡qué rabia¡ Vemos la cima principal pero nos separa una gran brecha gigante. Estudiamos la situación y creemos poder avanzar por una estrecha arista muy despacio, pues da la sensación que se romperá en cualquier momento. Negociamos otro paso delicado y descendemos hasta alcanzar otro punto donde sólo nos separan de la cima veinte metros de escalada de unos 60 grados de inclinación. Con decisión, una vez más, la escalamos y... ¡cima!

Amigos, hemos escalado una brutal montaña complicada, técnica, fría y muy ventosa, una montaña donde no asoma roca por ninguna parte, sólo nieve y hielo, en uno de los lugares más inhóspitos y radicales del Planeta. Tiene una estadística arrolladora: sólo el 5% consigue esta cima, por su dificultad y sobre todo por las malísimas condiciones climáticas que casi siempre están aquí perpetuamente instaladas. Y Nico, qué tío con suerte, esta es su primera montaña y va y ¡moja!

Fotos, grabaciones, gritos, celebraciones y unas vistas de las que jamás se nos van a olvidar, a nadie, pero sobre todo a Nico. Vimos el Campo de Hielo Sur en todo su esplendor: el Fitz Roy, el Cerro Torre, las montañas chilenas, las argentinas, lagos, valles... sin duda una de las cimas más bonitas de mi vida. Continuaremos con nuestra travesía por el Campo de Hielo Sur, y después descenderemos por el Paso Marconi. Aún nos queda mucho para llegar a El Chaltén, pero de momento ¡que nos quiten lo bailao»!

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