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ANTONIO NÚÑEZ
León

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E so de que en caso de naufragio las mujeres y los niños primero es una pía leyenda marinera sin fundamento. Desde el grumete más pardillo hasta el marino veterano de todas las singladuras saben de tiempos antiguos que las primeras en abandonar el barco son las ratas. Algo así debe de estar pasando en el PSOE con las encuestas prelectorales que vaticinan un hundimiento sin remisión por la crisis económica, así que se ha puesto de moda hablar de Rubalcaba como sucesor de Zapatero y, hombre, eso es dudoso: los dos siguen a bordo del Gobierno y no es que el primero sea una rata -”a buenas horas iba a seguir ahí-” pero sí listo como un ratón de armario, a los que, por lo demás, se les parece hasta físicamente.

Lo que sí puede estar pasando es que en los municipios y autonomías gobernados por los socialistas, que toca renovar en mayo, cunda el pánico y que a la voz de sálvese quien pueda algunos estén arriando el bote, pero desde luego esos dos no. El miedo es libre y no es para menos porque hay en juego cientos de miles de sueldos, sin contar las cuñadas, de una clase política profesionalizada desde concejal de base y que no tiene otro oficio ni beneficio. Zapatero, por ejemplo, estudió Derecho, pero no ha ganado un pleito en su vida, y Rubalcaba es químico, aunque dudamos que recuerde la fórmula del H2O. A ambos les queda todavía un año y medio para las elecciones generales y, como en las películas de piratas, son capaces de apurar todo el ron del Estado y luego agarrarse al barril vacío para flotar a cualquier precio.

A lo mejor Rubalcaba no, porque ya de por sí es un corcho desde los gobiernos de Felipe González, pero el otro tampoco es manco como el capitán Garfio y se sabe de carrerilla las consejas de un conocido abogado leonés amigo suyo y de su señor padre, cuyo nombre ya no viene al caso, que recomendaba invariablemente a la clientela «negarlo todo hasta el patíbulo». Era un corsario simpático y con atenuantes en comparación con el presidente paisano, según el cual no había crisis, sino desaceleración económica, hasta que nos llegó el agua al cuello. Sir Francis Drake, el de los abordajes a los galeones del oro del reino de España en el Caribe, era un caballero comparado con éste, eso sí los dos con patente de corso.

Mientras la crisis ahorca, y cómo, los periódicos andan en divagaciones metafísicas sobre si Zapatero piensa presentarse otra vez a las elecciones o no con argumentos que a uno le recuerdan a cierto profesor escolástico de filosofía en el seminario de La Bañeza, cuya lección magistral era siempre la misma: «No digamos que digamos, pero tampoco digamos que digamos». Sólo me aclaré de lo que quería decir cuando Zapatero llegó a presidente. Otro dicho romántico y marinero famoso es que elcapitán es siempre el último en abandonar el barco, pero uno barrunta que, con la que está cayendo, si éste no lo hace es sólo porque no le interesa.

Lo de los controladores aereos es otra cortina de humo. Ya eran chulos cuando servidor hizo la mili en el campamento de Hoya Fría, Santa Cruz de Tenerife, recién muerto Franco y se encontró allí a uno que, dicho sea de paso, no tenía ni media hostia. A los demás nos raparon el pelo al cero nada más llegar, nos dieron el cetme y la escoba y quedamos embutidos en chupas, pantalones y botas cuyas tallas serían difíciles de encontrar hoy en la sección de oportunidades de El Corte Inglés. Había entre nuestra tropa economistas, abogados, médicos, algún que otro periodista y demás gente de medio pelo, pero aquel tipo seguía una semana después con melena y traje de paisano. «¿Tú a qué te dedicas?», le pregunté en un toque de diana. «Es que soy controlador aereo civil, no tenía por qué estar aquí y sólo espero a que me reclamen», dijo. Efectivamente, volvió a casa un martes o un miércoles y no hubo cojones de militarizarlo, mi sargento.

Como diría el indio Jerónimo en el Gobierno de España sólo se divisa humo, como lo de elegir el primer apellido del padre o de la madre, que ya son ganas de volver locos al juez del Registro Civil y al señor párroco, que ya tienen bastante con los divorcios.

Cortinas de humo, en fin, como la que se anuncia para el próximo 2 de enero para prohibir fumar en todos los locales públicos y tabernas, que es como aquellos carteles fascistas, xenófobos y discriminatorios de «se reserva el derecho de admisión», pero a lo bestia.

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Esa es la cortina de humo más cabrona.