EL PAISANAJE
Margarito
G eorge Bush, padre e hijo, o el británico Tony Blair seguro que tuvieron dudas sakesperianas del estilo de «ser no no ser presidente, he aquí el dilema». Al final los dos primeros repitieron y el segundo optó por dimitir en la calavera hamletiana de Gordon Brown. El mundo anglosajón resuelve las tragedias en serio.
Por el contrario, con el país en los huesos y a punto de que se lo coman los gusanos de los inversores internacionales en deuda y bolsa -”respiración asistida le llaman a eso en el hospital-” Zapatero está deshojando la margarita sobre su futuro, o sea si vuelve a presentarse o no. Ha dicho que la decisión sólo la conocen su mujer Sonsoles y un amigo íntimo de partido. Las encuestas son las que son -”me quieren, no me quieren, coño macho está claro-” y sólo falta, por si acaso, el enésimo comunicado de Eta sellado por Rubalcaba. Lo que está claro es que no estamos en la patria de Sakespeare y Hamlet, el que se miraba al cráneo mondo y no a las cejas.
La opinión pública, mientras tanto, está dividida, una especialidad del presidente paisano. En el PP ha dicho Rajoy que, si el otro no dimite, paciencia y, si lo hace, a aplaudir con las orejas porque ya iba siendo hora. En el PSOE las consignas son de paz y calma, si no hay dimisión, y como «plan B» propuesto por Zerolo sálvese quien pueda y maricón el último. Las encuestas están claras, pero es dudoso que Zapatero y Rubalcaba tiren la toalla. Conociendo a los dos después de treinta y tantos años de profesión, al primero bastante personalmente, lo más probable es que necesiten el año y pico que les queda de legislatura para poner una manta en los cascos de la tropa, tal que hacía el indio Jerónimo para despistar al general Custer. Con Rajoy no hace falta ni eso, así que, ojo Mariano, aunque tengas diez o doce millones de votos vienen estos dos y te rodean. Lo de Esperanza Aguirre sería otra cosa. Entre las huellas a borrar están las del atentado del 11-M, si es que queda alguna, y el despilfarro del Estatut catalán.
Este morbo sobre quién es el otro que conoce los planes de Zapatero está dando mucho juego en los periódicos, aunque mi mujer lo zanjó ayer con lengua viperina: «macho, investiga por qué estaban los tres en la misma cama o déjaselo a Rubalcaba». Así me tratan en casa. Todas las mujeres van al grano, y que perdone la ex ministra Bibiana, si no de qué nos iba a ir bien a los machos cuando todavía se va pudiendo. Tengo también un antiguo colega con chalet más allá de Eras de Renueva y finca colindante a otra que compró Zapatero para el retiro, según el cual se le va a revalorizar cuando este último se instale allí. «Que ni lo sueñe», dijo mi señora, «si todos los parados van en fila india y los mineros para reventarlo». Hay mujeres de armas tomar.
Volviendo a las encuestas, no faltan tampoco cargos del partido del Gobierno cuya opinión es la de que antes de que nos forren nos forramos nosotros. Le pone usted nombre a un anónimo tranvía o dos y punto. Queda un país en ruina y, como dijo Aznar, nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo. Y, lo que es peor, para nada.
En Islandia, tierra de buen salmón y huevas de lumpo, van a procesar a un expresidente del Gobierno por permitir atrocidades como la burbuja de los iglúes -”aquí sería la inmobiliaria con aire acondicionado-” y puede que le caigan, si no años de cárcel, sí una buena reprimenda y la deshonra ante todos sus compatriotas, como no podía ser menos. En España, en cambio, no hay ninguna ley que permita poner a caldo a un chisgarabís como Zapatero, así como suena. En eso, y no en la sucesión de las nietas o nietos del rey, la Constitución sí merece una buena reforma. O un repaso.
Quevedo, que anduvo preso en San Marcos, se dolía de su tierra chica, Madrid, la misma que acogió a Rubalcaba, con palabras que uno podría suscribir hablando del presidente leonés y la mía, una vez que se han ido al carajo las minas, la agricultura y todo lo demás: «Es mi casa solariega/más solariega que todas/pues por no tener tejado/ le da el sol a todas horas».
Felipe González, hoy consejero en Repsol y acuérdese usted de Hulleras de Sabero, y Zapatero en Gran Hermano serían dos puntos de mucho cuidado para los primos votantes del PSOE. En la tele sacan de vez en cuando una parodia que imita a Sonsoles haciéndole a José Luis confidencias con gorgoritos en la cama, tal más o menos que en el coro universitario.
A ver si, por sin, hacen un gallo en la confidencia, pero que sea a más de tres sobre el futuro que nos aguarda.
Pero un bis no.