Diario de León
Publicado por
Pedro Trapiello
León

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Como profeta, eres una catástrofe. No sólo carecen de respeto o influencia tus ruegos y opiniones, sino que provocan generalmente el efecto contrario. Triunfa lo que objetas como si fueras un especialista en excitar al tuerto y al listín.

Argumentaste contra un teleférico en Vegacervera, contra enigmáticos palacios de congresos en la capital mundial de los cazurros, aberrantes museos de caza entallados a lo bobo en un excepcional paraje natural, musacs de la musaquería nacidos sin saber para qué (pero sabiendo por qué) o poligonetes industriales sembrados por todo este mapa para acabar siendo solares ciegos donde crecen cardos y ortigas... clamaste contra la epidemia de esculturas piruleras o túneles michaisos innecesarios y carísimos... y sólo sirvió tu argumento para engordar lo afeado y redoblar presupuestos; fue como si te dijeran ¿no querías lentejas?

Vaya, tendrás que modificar tácticas y pasarte a loas o silencios, a ver si por esas, aunque te arriesgues a parecer un chico del coro cantando propagandas con partituras que llegan por fax... tú grita ¡vamos León!, chaval, dale al pedal, échale aire a la feria, viva el gasto, viva la arquitectura, viva el mobiliario, viva la magnesia y viva tu tía. Pásate, pues, al halago y al encomio. En tiempos de abrojos, flores. Alfómbrales sus pasos con jabón (no resbalan). Di, por ejemplo, que es un gran logro el gasto aprobado para un ramal del ferrocarril de Matallana a Vegacervera. No te preguntes qué demanda social hubo o qué urgencia surgió para meter por ese estrecho valle tanta obra y tanta prisa (sin impactos ambientales, fijaté), con la que está cayendo además en otras vías, autovías o parones. Tú di Santa Ritarritarrita, lo que se aprobó no se quita y que, si fallara el tiro y nos empeñara el invento, sólo por hacerlo ya es riqueza para la zona, obras, trabajo, turismo, camareros, eventos, urbanizaciones, meneos... tú di cógelo sin chistar, que es el último tren y añade que algo nos tocará a todos, ¡ea!... a ti, la pedrea... a otros, premio... y el gordo, a los de siempre... pero así son las cosas y así se las hemos contado, diría Buruaga, que es una puta calamidad jugando al mus (permíteme, Ernestín, divulgar este secreto).

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