CORNADA DE LOBO
Ese once
D esde el 11 de septiembre en Nueva York, el 11 de marzo en Madrid o el que quiso ser 11 de junio en Londres, el puto once se hizo moro, santo, reventón y convulsivo. Ya es un número clave en la mollera del fundamentalista. Y una consigna.
Pero otro 11 (¿has visto cómo se parece este número a las Torres Gemelas?) ha llegado al mundo árabe y musulmán con ganas de más leyenda, el 11 de febrero, ¡el 11-2-11! que certificó el barrido de Mubarak ante una galerna popular. Pero este 11 será un once distinto: cayó en viernes, domingo islámico, día del Señor... y causó su estrago sin bombazos, sólo a voces que clamaron (esta es la novedad) y establecieron para el mundo árabe una fecha que se equipara en simbolismo a la caída del Muro de Berlín. Quieren suponer algunos (menos lobos) que pudiera comenzar en este 11-2-11 el desguace de satrapías, dictaduras y pontificados de reyes, jeques o militares que estrangulan impunemente a un pueblo árabe que ya tiene móvil, oreja para enterarse y boca para escupir la rabia.
El 11 es la Vibración Maestra , algo que que está por encima de la mente humana. Para la Cábala hebrea es gafe, san Agustín lo llama número malo y los numerólogos lo significan como soñador, sacrificado por un ideal, indeciso, incertidumbre, coraje; es el número que tiende a imponerse sobre los demás (si un uno solo manda mucho, dos unos juntos acojonan).
Circulan en la Red plagas con las más peregrinas especulaciones y patrañas sobre este número. Hay incluso gente que dice aparecérsele repetidamente el 11:11 en relojes, letreros o señales, las once y once, muchas veces, bendito espeluzne. El que quiera cascar huevos podrá decir también que el once es la Parca, pues al igual que la muerte, empieza con uno hasta que acaba con uno... El once se presta al vacile.
Pero sepa todo el orbe que hay un once milagroso, iglesia universal, opio puro, agua bendita... ¡el once de oro!... y no es lotería, sino gran religión de la pasión y la emoción tribal... es la gran fe futbolera que vacía las calles de multitudes (políticamente peligrosas) y las pone a vocear encerradas en un estadio donde once tíos en bragas dan patadas a otros once... y a una pelota.