Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

Suicidio, dependencias, enfermedades mentales, depresión, pánico: estos y otros son los riesgos a los que se expone una mujer que aborta». Así lo ha declarado la psicoterapeuta norteamericana Theresa Burke ante la asamblea general de la Pontificia Academia para la Vida, celebrada en Roma del 24 al 26 de febrero de este año 2011.

Según la información de Fabricio Matrofini en el periódico «Avvenire» del día 27, no ha sido la única especialista en aportar su experiencia profesional. La neonatóloga sor Marie Luc Rollet ha puesto en cuestión el «dogma» de algunos psiquíatras que pretenden ignorar el trauma psíquico vinculado al aborto y quieren hacerlo depender de patologías preexistentes.

Declara además que el varón es a veces contrario a la decisión de abortar, pero no puede detenerla. En otras ocasiones ni siquiera es informado a tiempo y se encuentra con una decisión que se toma sin contar con él. De esa forma, el aborto no sólo genera el dolor personal de la mujer sino un trauma para la pareja.

Por si fuera poco, la psiquiatra Joanne Angelo afirma que el aborto es un drama no sólo para los padres de los hijos que no han llegado a nacer, sino también para los hijos que han sobrevivido, que permanecen angustiados por dudas existenciales y por sentimientos de culpa.

Según ella, «la prevención y el tratamiento del trauma requiere un cambio cultural que pase de una cultura de la muerte a una cultura de la vida, para educar a toda persona a conocer la propia dignidad como ser humano. Para ello, el mundo ha de saber que el aborto no es una solución para la persona. Por eso hemos de tener el valor de contar las experiencias de las mujeres que han sufrido gravemente a causa del aborto».

Esta psiquiatra norteamericana ha evocado además las confesiones traumatizadas de las mujeres que durante el aborto han podido ver en la pantalla de los monitores el proceso de muerte del feto, dándose cuenta demasiado tarde del sufrimiento al que era sometido.

Evidentemente abortar puede parecer fácil, aunque no lo sea. Pero haber abortado es una experiencia inolvidable. De hecho muchas mujeres que han abortado pasan por un trauma psíquico difícil de superar.

Al recibir a los participantes en la asamblea, el sábado 26 de febrero, Benedicto XVI ha recordado que en algunos casos los mismos médicos tratan de convencer a una mujer embarazada de que el aborto no es sólo una opción moralmente lícita, sino un obligado acto «terapéutico» para evitar sufrimientos al niño y a su familia y un «injusto» peso a la sociedad.

Pero, sobre todo, ha subrayado la necesidad de prestar la ayuda necesaria a la mujer que experimenta todo el drama moral y existencial de haber abortado. «La solidaridad de la comunidad cristiana no puede renunciar a este tipo de corresponsabilidad». Evidentemente, este drama del aborto plantea una nueva demanda a la caridad cristiana.

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