Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Un cuerpo desnudo jamás engañará, enseña todo lo que cuelga o sobresale y sólo puede decir ¡esto es lo que hay!... Sin embargo, Sócrates Valdueza y su gato creen que un desnudo algo vestido gana como desnudo. Además, sobran cuerpos que exigen taparles algo, incluso con albornoz de capucha o cortinón. ¿Quién sería capaz de enfrentarse a pecho descubierto al desnudo de Sara Montiel sin cubrirle la abundancia o la carencia?

Muy poca gente puede lucir un cuerpo escultural sobre el que cualquier trapo sería un insulto o un robo... otra mucha lo intenta, pero sólo media docena da el pego... los demás esbozamos el garabato con mayor o menor desastre, disimulamos lo feo y camuflamos la estampa con sedas, hombreras o puro disfraz, que de ahí viene ese fabuloso negocio de la ropa que tan feliz les hace a Dior y a Amancio Ortega.

Pero lo ideal sería la desnudez del Edén, no tener nunca la necesidad de vestirse o comprar trapos... todo el día en porreta caribeña sin sentir vergüenza o malicia babosa... y si te echan del Paraíso, tranquilo, que con una hoja de parra te sobra y con una hoja de higuera vas de lujo y de domingo. Después, complicamos el asunto por culpa del frío, de la moral y de la moda (aunque será mejor tapar, porque tampoco se ve Sócrates en el Edén si hay que mirar a su vecina en cueros desparramados).

Recuerda S. que el desnudo más obsceno y total que vio en su vida fue un desnudo vestido. No era Raquel Welch en camiseta rota, ni la campesina del cuento que cumplió la orden del rey de ir a verle ni vestida ni desnuda y sólo se tapó con una red... no, el desnudo más duro que vio Sócrates fue el de un fraile viejo, orondo y pudibundo que censuraba por indecente el bañador.

Nunca se bañó con otros frailes o alumnos, pero una sofocante tarde de junio sintió la urgencia de un remojo y, a la hora de estar todos en clase, mudo el lugar, bajó sigilosamente a la piscina y en ella se metió vestido todo él con pijama de tela fina bien abotonado.

Pero al salir del agua fue el espanto, la tela pegada a la piel lo describía todo, desde el canalillo del culo a la huevera... qué horror, qué visión... las mujeres hindúes se bañan en el Ganges de igual modo... y el resultado es muy otro.

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