Sin bollería en el colegio
El Congreso prohíbe la venta en centros escolares de alimentos con una elevada proporción de grasas trans, sal y azúcar
Pajín, ministra de Sanidad, en una imagen de archivo.
La Comisión de Sanidad del Congreso aprobó ayer el proyecto de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que prevé la prohibición de vender en centros escolares de alimentos y bebidas con un alto contenido en ácidos grasos saturados, grasas trans, sal y azucares. El PP expresó su disconformidad con el afán prohibicionista de la norma, y adujo que no hay alimentos intrínsecamente buenos y malos, sino «dietas equilibradas y desequilibradas».
De acuerdo con la iniciativa legislativa patrocinada por el Ministerio de Sanidad, los límites a grasas trans (presentes en la bollería industrial), azúcares y sal, serán fijados en un reglamento, que será de obligado cumplimiento para las empresas agroalimentarias. El Ejecutivo acordará con la industria los umbrales de esos componentes que favorecen el sobrepeso. El proyecto pasará ahora a ser tramitado en el Senado, sin necesidad de ser discutido en el pleno de la Cámara Baja, toda vez que la Comisión de Sanidad y Política Social del Congreso actuó con facultad legislativa plena.
Riesgos nutricionales. La norma tiene en cuenta la creciente importancia de los riesgos nutricionales, «dada la preocupante prevalencia en la actualidad de la obesidad», especialmente entre niños y jóvenes. No en vano, como destacó Alberto Fidalgo, uno de los portavoces del Grupo Socialista, el sobrepeso en menores de 18 años representa el 30%.
La nueva ley trata de imprimir un enfoque integral a la seguridad alimentaria, de manera que se recojan los riesgos asociados a la alimentación «desde la granja a la mesa». Fidalgo adujo que no deja de ser un sarcasmo que mientras 1.000 millones de personas sufren en el mundo obesidad y 300 millones sobrepeso, otros 1.000 millones de individuos arrastran problemas nutricionales, ya que se su seguridad alimentaria consiste en vencer cada día el hambre. Lo cierto es que en los países industrializados la obesidad se define ya como la «epidemia del siglo XXI». La ley regula la composición de los menús escolares, que también habrán de ajustarse a los límites que se establezcan en cuanto a grasas saturadas, sal y azúcares.