Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

El sábado 21 de mayo de este año 2011 Benedicto XVI mantuvo una histórica videoconferencia con los astronautas de la Estación espacial internacional. A sus preguntas, los astronautas fueron dando respuestas tan breves y sencillas como interpelantes para la conciencia humana.

El Papa preguntó si la ciencia podría contribuir a la causa de la paz. Mark Kelly subrayó que desde el espacio no se ven las fronteras, pero es evidente que en la tierra la gente lucha por los recursos y la energía. En la nave espacial se utiliza la energía solar, que podría aportar a la humanidad una cantidad de energía ilimitada. El astronauta se atrevía a suponer que tal vez esa posibilidad podría reducir un poco la violencia. Y tiene razón con su cautela, porque no bastará con facilitar el acceso a la energía si no se modifican las actitudes humanas.

El Papa recordó después la frecuencia con la que él mismo alude a la responsabilidad humana con relación al futuro del planeta, a los riesgos del medio ambiente y a la supervivencia de las generaciones futuras. Ron Garan calificó a la tierra como un bello y frágil oasis, que viaja a través de la oscuridad del espacio. Desde allá arriba la atmósfera parece tan sutil como una hoja de papel. Y eso es todo lo que separa y protege a los seres vivos del vacío del espacio.

En un tercer momento, el Papa preguntó a los astronautas qué mensaje desearían transmitir a los habitantes de la tierra y especialmente a los jóvenes. Mike Finchke, americano como los dos anteriores, repitió que la tierra es el planeta más bello de todo el sistema solar. Desearía decir a los jóvenes que «existe todo un universo por explorar y que si nos empeñamos juntos no hay nada que no podamos hacer».

El Papa había entregado al italiano Roberto Vittori una medalla que reproduce el fresco de la Creación del Hombre, pintado por Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina. Ahora le preguntaba si, además del trabajo científico, tenían tiempo para reflexionar y tal vez para rezar al Creador. El astronauta afirmó sencillamente: «Rezo por mí, por nuestras familias, por nuestro futuro».

Al también italiano Paolo Nespoli se le había muerto su madre en los días anteriores. El Papa le preguntó si se había sentido muy solo en el espacio. El astronauta recordó los medios técnicos que había tenido a su disposición para habar con ella en los últimos momentos, agradeció la cercanía de sus compañeros y las oraciones de todos los que le habían acompañado desde la tierra.

La entrevista del Papa con los astronautas nos llama la atención no sólo por ser un testimonio del interés de la Iglesia con relación al progreso humano, sino también por la cordialidad humana del Pontífice y por el sentido de fe con el que los astronautas responden a sus preguntas. Todos nos alegramos de haber contemplado en directo un acontecimiento histórico, tan relevante como cercano.

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