Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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E l país anda manga por hombro y la tijera se ha convertido en el símbolo del poder por excelencia de ayuntamientos y autonomías. No hay alcalde ni presidente regional que al tomar posesión del cargo y recibir el bastón de mando se le olvide preguntar al secretario: «¿Y las tijeras? ¿Dónde están mis tijeras?». Luego convoca a la prensa y asegura que va a recortar el presupuesto, blandiéndolas en la foto y poniéndolas un marco en la mesa del despacho al lado de la señora y de los nenes. Es la última moda.

A un servidor todo esto le devuelve a las miserias de la infancia con Franco cuando su señora madre -”la de Franco no, la mía-” me llevaba al sastre del pueblo para ver cómo podía sacar para mí unos pantalones o un abrigo que antes habían sido de papá. La cosa no era fácil, pero sisando de un lado y del otro al final te quedaban unos calzones cortos o una cazadora muy aparentes. La cuestión era ahorrar tela marinera, aunque ahora duda uno que a las jóvenes generaciones pueda aprovecharles algo de lo nuestro con esta crisis de caballo.

Para no ser menos que en casa el nuevo alcalde de León, Emilio Gutiérrez, ha anunciado a bombo y platillo «cien medidas para cien días» a fin de zurzir los tomates del calcetín presupuestario municipal. Algunas no están mal como las de ahorrar en coches oficiales, teléfonos móviles y sueldos de concejales o cargos de confianza, pero de tanto no querer dar puntada sin hilo se le ha enredado la aguja en dudosas propuestas de ahorro. Por ejemplo, la creación de un «consejo de exalcaldes de la ciudad». Oiga, si la gente los echó antes sería por algo y se la sudan los consejos que puedan dar ahora. O «la promoción de la salud a través de la actividad física», que deben ser más boleras en los barrios para los pensionistas. O solicitar que «León tenga la consideración de Ciudad Amiga de la Infancia», cosas más raras se han visto, etcétera.

La lista de promesas a cien días vista es prolija e incluye la petición de audiencias al resto de las autoridades nacionales, incluidas las más íntimas, tal que la presidenta de la Diputación, doña Isabel, se supone que para pedir pela, así como prestar más bicicletas en los carriles bici a fin de dar más fuidez y velocidad al tráfico, abrir igualmente un «observatorio de absentismo escolar» y «levantar una escultura homenaje al pendón leonés». Todo esto último huele que atufa a propaganda poselectoral, precisamente la que menos falta hace, y haría bien Emilio en no liar la madeja ni la manta a la cabeza. Y sus asesores de imagen en no dejar que se les crucen las neuronas. Para compensar tanto batiburrillo por lo menos la propuesta final tampoco es mala: «El alcalde no cogerá vacaciones en verano». Gracias, macho, pero con casi cuarenta mil parados que hay en la provincia no vas a ser el único.

A los políticos, cuyo expediente académico es con frecuencia manifiestamente mejorable -”no es el caso del nuevo alcalde-” hay que pedirles por lo menos sentido común. Nada de cien ideas atropelladas para un trimestre. Nos bastan con dos o tres en todo el mandado, pero que las tengan claras. Aquí, por ejemplo, está el mamotreto de la viejina azurarera Santa Elvira, donde llevan molidos y molturados decenas de millones de euros; el recorte del déficit del transporte municipal en el que sólo pagan billete completo los de la línea 2 cuando van del pueblo a los hospitales después de pasar por la estación de autobuses; y poner orden en las contratas de basura, que son una millonada maloliente. Tampoco estaría de más recaudar a lo bestia en contribuciones a cierto consorcio constructor que yo me sé y que quiere irse de rositas en La Lastra después del pufo de la burbuja inmobiliaria. Recortando un poco por aquí y afanando algo por allá a lo mejor al interventor le cuadran los presupuestos del año que viene. Los anteriores son griegos.

Existe entre la clase política una creencia a pie juntillas, según la cual si no sales todos los días en la foto no existes. Eso también me lo enseñaron a mí de estudiante y decía un profesor que era «el poder notarial de la información, porque lo que no viene en el pediódico no existe». Otro capullo. Después de treinta y tantos años de profesión he visto los suficientes alcaldes -”de pueblo, eso sí-” que a la chita callando hicieron la tira de cosas por su gente. Ibas a pedirles una entrevista y se escondían literalmente debajo de la mesa con un «¿Y por qué a mí? Pregúntele al diputado Pano». Éste último, ya retirado, dio mucho juego durante veintitantos años por Las Omañas.

Buen rapaz.

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