Cosas de aquí | ¿Paisaje urbano o rural?
La tripas de la ciudad
Los derribos en numerosos rincones del casco viejo dejan al descubierto ejemplos de arquitectura popular leonesa de gran tipismo y antigüedad

Corredor interior y muro de adobes tras un solar de la calle San Francisco.
Según para donde mire el transeúnte, lo mismo podría estar en una ciudad de casi 140.000 habitantes o en una minúscula aldea de unas pocas decenas. Los edificios populares del casco antiguo capitalino están hechos de poca piedra pero con mucho barro y canto rodado, materiales reyes de las riberas y las tierras llanas leonesas. Ahora, los últimos derribos en esta zona han hecho aún más patente, si cabe, el carácter eminentemente rural del corazón de la ciudad, con tabiques de adobe y de tapial, entramados de madera y vetustos corredores orientados a la solana.
Entre los ejemplos más señeros está la rinconada entre las calles San Francisco y Hospicio, donde la demolición de una casona ha dejado al descubierto un corredor interior de madera, típico de la arquitectura popular leonesa, conservado en el inmueble contiguo; o el desgraciado derribo, hace dos años, de la antiquísima casa de la calle Trastámara tras el que quedó -al aire- una vivienda de entramado de barro y madera, tradición extendida sobre todo desde la Edad Media. Es una construcción similar a la de la calle Castañones esquina con plaza de Riaño, en cuyo dintel consta que fue erigida en el siglo XVI. Ahora puede verse su entramado por el derribo de una casa contigua -solar que a su vez permite ver parte de la antigua puerta de Cal de Moros-, una demolición que, como en tantos otros lugares y por la crisis inmobiliaria, no ha dado lugar a otra construcción en su lugar. Son heridas frecuentes que revelan un paisaje interior repleto de sorpresas, un insólito mundo hecho de corrales, portalinas y galerías que sobrevive en pleno centro y que podría dar pistas a los arquitectos para rehabilitar y construir con arreglo a cánones, soluciones y materiales tradicionales.