Diario de León

LEONESES POR EL MUNDO. FRANCIA | NOEMÍ GUILLÉN. TRABAJA EN INSEAD, LÍDER MUNDIAL EN FORMAR EJECUTIVOS

Junto a los líderes de los negocios

Noemí GuillénTrabaja en insead, lider mundial en formar ejecutivos Su vida está ligada desde hace once años al instituto europeo Insead, en Fontainebleau, una auténtica Torre de Babel donde se forman cada año un millar de ejecutivos de 80 nacionalidades

Noemí Guillén, delante del famoso ch¢teau usado por Napoleón en Fontainebleau.

Noemí Guillén, delante del famoso ch¢teau usado por Napoleón en Fontainebleau.

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pilar infiesta | león
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El emperador francés Napoleón Bonaparte pensaba que «cada uno de los movimientos de todos los individuos se realizan por tres únicas razones: por honor, por dinero o por amor». Sin embargo, en el caso de la leonesa Noemí Guillén, que recaló hace once años en las tierras desde las que este -monarca iluminado- organizó sus campañas militares, el leiv motiv para cambiar Madrid por Fontainebleau fue la curiosidad y el reto.

De hecho, su falta de miedo a los cambios la permitió abandonar un trabajo fijo en el área informática de ABC para apostar por una escuela de negocios, que no estaba en su «radar», según reconoce, y que resultó ser un gigante en el área de formación de ejecutivos de todo el mundo.

El Institut Europeen des Administrations des Affaires (Insead) ostenta el récord de ser la promoción mundial más grande de MBA, con 1.080 alumnos al año. Fundado como ONG tras las dos guerras mundiales para propiciar el entendimiento, sobre todo, de franceses, ingleses y alemanes, da trabajo a 160 empleados y 150 profesores fijos. Sus tentáculos se extienden a Singapur y Abu Dhabi, donde también ha abierto campus de postgrado.

Ese ambiente tan peculiar, con alumnos de ochenta nacionalidades, la enganchó desde el principio. «De repente llegas y ves aquel zoo, con africanos, asiáticos, europeos... Hasta entonces pensaba que yo era internacional por hablar cuatro idiomas, pero me dije: ésto es otra dimensión», recuerda.

 

Integración fácil. Adaptarse a la comida del país, «fue una delicia», y, aunque no sabía una palabra de francés cuando aterrizó en territorio galo, no tuvo problemas en integrarse. «Sé que los parisinos son duros, pero en Fontainebleau la suerte es que la gente es más abierta, porque la población posee un fuerte pasado militar (fue sede de la Otan), lo que favoreció la llegada de familias de otras regiones y la mezcla. Aquí no te tachan por hablar mal el idioma y la acogida fue fácil», explica.

Tanto, que pensaba agotar su experiencia francesa en dos años y ya lleva once. Su primera misión fue gestionar un equipo de seis personas encargadas de seleccionar, junto a los profesores, a quién se admitía y a quién no en los cursos. De ahí que por sus -manos- pasaran 6.000 ejecutivos cada año, que reclamaban formaciones de tres días a seis semanas. Manejó, además, un abanico de 65 programas específicos y otros tantos generales orientados a explicar cómo ejercer el liderazgo y mantenerlo. Fuera de la escuela de negocios, enclavada en plena f´ret , tuvo varios --bautismos-, según bromea. Uno, al realizar el carné de residencia, que las autoridades francesas expidieron a nombre del varón Noemí Guillén por error, al pensar que la M del DNI español significaba monsier (señor). El segundo se resolvió al acudir a denunciar la sustracción de su vehículo. «Resultó que no existía tal robo, sino que la grúa me había retirado el coche por quedarse en la fila incorrecta. Así me enteré que en Fontainebleau sólo se puede estacionar a la izquierda o a la derecha de las calles, para molestar menos a los vecinos con ventanas a la rue . La alternancia es por quincenas y, claro, yo había aparcado en la línea de coches tranquilamente, al no haber detectado carteles de prohibición sin esperar algo tan curioso, que hubiera que cambiarlo de lado». Las indicaciones, en letra casi minúscula, estaban recogidas en un cartel a la entrada de la localidad, en medio de una tabla de horarios de autobuses e información general.

Aunque alaba el sistema sanitario y el educativo, ha tenido que adaptarse a una rareza: los niños (y tiene tres hijos) no tienen clase los miércoles. La troupe se desplaza con frecuencia en bicicleta, gracias a una extensión de dos plazas en forma de carrito. Tras recorrer varios países, está satisfecha, porque cree que la familia ha encontrado su hueco.

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