CORNADA DE LOBO
Todos eran calle
Entre laicos y peregrinos hubo burlas y arremetidas de ánimo exaltado. Es ese ánimo que suele llevarse al ir de manifestación. Y los dos habían ido a la suya, era en Madrid, JMJ, agosto tórrido, gente sin vacaciones, gente con ellas, exaltación y depresión, crisis corrosiva, noticias penosas... y mucha homilía inflamada en los bandos. Hubo otra manifestación; no era manifestación y fue la más manifiesta: quince mil guardias con porra bizca por si había tirrias entre contrarios, así que más de un laico (y otros que pasaban por allí) salió marcado a zurriagazos. Se notaba que algunos guris ya están haciendo méritos ante el inminente cambio popular en las cúpulas copuladas del ministerio de Interior... y de la Porra.
En alguna prensa se agrandaron estos episodios de algarada y calle espesa hablando de ¡Persecución a la Iglesia! . ¿Se referían a una persecución como la de Diocleciano o quizá menos?... Sócrates sugiere como concepto más eficaz el de «acoso a la Iglesia», pues el acoso se mira ahora con mucho bisturí casuístico en los juzgados arreándose sentencias de mucha estaca.
Aunque para persecuciones de veras, las que se mangan los seguidores del Manchester City y los del United... o entre merengues y culés. Hay más bronca y heridos en cualquier derby futbolero, que en los Madriles de creyentes cantando y ateos choteando. Para decepción de violentos o engallados, en la JMJ no hubo siquiera contusionados; y eso que algunos quisieron ir de mártires metiéndose en grupos a rezar de rodillas en medio de concentraciones laicas, ofreciéndose a los leones (es como entonar el himno madridista en la fuente de Canatetas en plena efervescencia blaugrana). También decía Unamuno que no había cosa más peligrosa en el mundo que un requeté recién comulgado.
¿Persecución?... son ganas.
Nunca el viejo anticlericalismo español fue tan modoso en formas, ni el rojerío tan meapilas. Si le enseñaran al Papa las fotos de cientos de cargos socialistas que no se privan de estar en toda misa o procesión, subvencionar cofradías, restaurar ermitas y hasta pujar del paso, quizás pensara de España otra cosa que la que le cuenta Rouco.