Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

El Papa no vino a Madrid para perder tiempo en las discusiones habituales de hoy. Fue directamente a lo esencial. En los actos finales de la Jornada Mundial de la Juventud, el centro del mensaje fue la fe en Jesucristo, mensajero y signo del amor de Dios.

En este momento en que se ensalza al hombre y sus progresos, pero se trivializa la dignidad de la persona, el Papa recordó que «Dios nos ama». En el origen de nuestra existencia no está la casualidad ni la irracionalidad sino el amor de Dios. Ésta es la gran verdad de la vida humana, que da sentido a todo lo demás.

Evocando el lema de la Jornada, añade el Papa que sólo responde al amor de Dios quien vive arraigado en la fe. Ya se sabe que definir es siempre marcar los límites que diferencian lo que la cosa es y no es. Con relación a la fe, el Papa señaló unos límites que podrían resumirse en estos siete puntos:

1. La fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo, que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

2. La fe no se opone a los ideales más altos del ser humano, al contrario, los exalta y perfecciona. Por eso pide el Papa a los jóvenes que no se conformen con menos que la Verdad y el Amor, con menos que Cristo.

3. La fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios. Por eso es preciso permanecer en la oración

4. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, es decir, la adhesión de toda la persona a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Por eso creer en Cristo y seguirle están estrechamente relacionados.

5. La fe no nos permite tener miedo al mundo, ni al futuro, ni a nuestra debilidad. El Señor nos ha otorgado vivir en este preciso momento de la historia, para que gracias a nuestra fe, siga resonando su Nombre en toda la tierra.

6. La fe no es seguir a Jesús en solitario, sino caminar con Él en la comunión de la Iglesia. Quien cae en la tentación de caminar por su cuenta o de vivir la fe según la mentalidad individualista, tan propia de nuestro tiempo y nuestra cultura, tal vez no encontrará nunca a Jesucristo, o acabará siguiendo una imagen falsa de Él.

7. La fe no nos permite guardar a Cristo para nosotros mismos, sino que nos impulsa a comunicar a los demás la alegría de nuestra fe. El mundo necesita el testimonio de nuestra fe, porque necesita ciertamente a Dios.

El Papa sugirió a los jóvenes una oración que resume el núcleo de su mensaje y de nuestra fe: «Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone».

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