Diario de León

Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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El tercero de la lista no sale ni de coña y de ahí el pifostio que se montó esta semana en el comité provincial del PSOE leonés entre oficialistas y críticos a la hora de elaborar las candidaturas al Congreso y Senado. Unos y otros son del mismo partido y comparten idéntica ideología, si es que les queda alguna a lo Groucho Marx, con un electorado espectante de que le digan otra vez aquello de «señora, estos son mis principios, pero, si no le gustan, tengo otros». Para aclararnos, un oficilalista es alguien que pertenece al sector de los que mandan y un crítico al de los que aspiran a hacerlo. De vez en cuando da la vuelta la tortilla y entonces los primeros pasan a ser críticos y los segundos oficialistas, Luego vuelta a empezar.

Dicen las crónicas que en el comité del otro día se podía cortar el aire con un cuchillo. No se cuentan las puñaladas en la espalda porque corren malos tiempos para la lírica en las encuestas electorales sociatas. En casos de emergencia como éste no vale —ay, Bibiana— la parida de la Ley de Paridad con chorvo, chorva, uno de León, otra del Bierzo, ministro y ministra, etcétera, y así sucesivamente. Si arriba hay bofetadas por subirse a los últimos botes salvavidas, entre las bases, colocadas al tresbolillo entre las diferentes administraciones públicas, debe de cundir el pánico.

No es un problema político, sino laboral. En el PSOE va a haber un Ere de los de no te menees en el que los críticos quedarán condenados a ser la oposición de la oposición, o sea al paro. El drama no afecta sólo a los socialistas leoneses, sino a los de todo el pais, como aquí al lado en Zamora donde les han metido de candidato cunero al todavía ministro del Interior, señor Camacho, con el consiguiente cabreo de los de Benavente y Toro. Eso me recuerda cuando en tiempos juveniles mandaron al PSOE leonés poner de número uno a un candidato de Albacete, Baldomero Lozano, y sólo salió él. No descarte usted que de ésta únicamente salga el exministro Alonso, que es del Crucero, pero no el exalcalde Francisco Fernández. Cosas más raras se vieron en las municipales.

Tiene que ser muy duro volver a trabajar, el que tenga dónde, después de peinar canas en la política. En la Grecia antigua —los de ahora son la degeneración de no sé qué tribu otomana— los ciudadanos tenían a gala dedicarse cuatro o cinco años a la política y luego volver a su ocupación anterior. Aquí para muchos sería una tragedia porque, incluído el presidente paisano Zapatero, nunca han dado un palo al agua en otra cosa que no fuera la política. Esquilo, el de Edipo, diría que es patético.

No es el caso, sin embargo, de Alonso y Fernández. El primero es juez con plaza en propiedad y el segundo se ha blindado un sueldín en Caja España, donde todo se apaña, de unos cien mil eurines al año. Oiga, podían haber cedido los primeros puestos de la lista a otros colegas del partido que van camino del desguace, pero no. Qué falta de compañerismo, compañero. Un partido en el Gobierno es una balsa de aceite porque hay para todos y en la oposición una jaula de grillos, un bote de avispas o un nido de culebras, a elegir. Ahora en el PP de Mariano no se mueve ni una mosca y, si alguna lo hace, la fumiga Isabel Carrasco. Para el que no encuentre un hueco en el Ayuntamiento siempre lo habrá en la Diputación o en la Junta y un chollo en Madrid tampoco está mal. Aunque esto no es nuevo. Ya en la España del siglo XIX, cuando se alternaban en el gobierno Cánovas y Sagasta, Romanones y compañía, eran habituales las crónicas periodísticas que comenzaban, más o menos, así: «Ha partido de Madrid con destino a la demarcación del expresidente un tren de funcionarios cesantres...». Coño, ahora no va a haber billetes en el AVE de León.

Este es un retrato impresionista a lo Goya o marxista picasiano de la clase política. Decía allá en los albores de la democracia el viejo profesor Tierno Galván —una víbora con cataratas, según Alfonso Guerra— que un político debería ganar en el cargo exáctamente una peseta más que en la vida privada. Como es natural nadie le hizo ni puto caso. Mire usted si en la cartera lleva monedas de diez céntimos para redondear, y se dice por el euro. Si conoce el lector alguna excepción, páseme el móvil para que pague una ronda. Y, por el contrario, si sabe de alguno que ya fuera rico antes de eso del cargo, como Rubalcaba o Bono, denúncielo a Hacienda no por avariciosos, sino por capullos y, encima socialistas. Hay que tener ganas, macho. Ya hay que tener ganas de fardar de vaqueros en los mítines y de pajarita en el Congreso.

Zapatero por cuatro perras deja el pais para el arrastre y hecho unos zorros.

Pues anda que el partido.

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