Volver a abrir las ventanas
Cada día su afán José-Román Flecha Andrés
En los modernos edificios de cemento armado, sin ventanas al exterior, se trabaja con luz artificial, en un clima «acondicionado». Esa imagen ha sido empleada por Benedicto XVI en el importante discurso que ha pronunciado el 22 de septiembre ante el Parlamento alemán.
El Papa hablaba a los políticos de su país de origen y estaba dispuesto a entrar en su campo de juego. «La política – les dijo- debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. (…) El éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia».
Estas ideas habrían sido compartidas por los grandes pensadores de la antigüedad. Pero ahora es urgente recordarlas. Se dice que la historia se repite, pero en este momento, la historia ha alcanzado un grado de riesgo nunca imaginado en el pasado.
El Papa ha recordado que hoy «el hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros hombres».
Al evocar las grandes dictaduras del siglo pasado, se ve que para juzgar lo que es justo no basta el principio de la mayoría. Pero en las sociedades democráticas la mayoría se ha convertido en un criterio inapelable. Como si el número de los votos pudiera decidir lo que es justo.
Llegado a ese punto, el Papa ha recordado a los héroes que se han opuesto a las mayorías. Los combatientes de la resistencia contra el régimen nazi y otros regímenes totalitarios prestaron un servicio al derecho y a toda la humanidad. En consecuencia, es preciso aceptar la objeción de conciencia.
Hoy se piensa que la Iglesia católica trata de imponer a la sociedad laica unos criterios morales recibidos de la revelación divina. El Papa niega ese supuesto, recordando que los teólogos cristianos se han opuesto siempre a un derecho religioso revelado y han apelado a la razón y a la naturaleza como fuente jurídica válida para todos.
El lector hispano sabe que ese era el ideal salmantino de Francisco de Vitoria sobre la ética de la conquista de América. Antes y después de él, el cristianismo apeló al derecho natural, tan importante para la cultura jurídica de la humanidad. Según el Papa, el descrédito actual de la ley natural viene de una interpretación positivista de la naturaleza y de la razón. Por eso se pretende reducir tanto la religión como la ética al ámbito privado y subjetivo.
Ahí recuerda el Papa los edificios de cemento armado, cerrados al clima exterior y a la luz, que se produce desde dentro. En este tiempo hay que volver a abrir las ventanas. Mirar a la naturaleza y descubrir en la creación la voluntad y el proyecto del Creador. Ahí está la libertad y la majestad de la ética.