Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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En cuestión de loterías, apuestas, rifas o quinielas, ¿quién no juega mucho, de vez en cuando o alguna vez?... ¿cómo no tentar a la suerte ante los fabulosos premios que se pregonan?... ¿cómo no dar rienda suelta a delirios y revanchas?... ¿se puede hoy creer en algo que no sea la lotería?... ¿quién, si no la Suerte perra, logrará sacarnos de esta crisis y del sofoco perpetuo?... ¿quizá Rajoy vestido de campanario o Rubalcaba de hada?...

La Suerte es la verdadera diosa que gobierna la fe del mundo, créelo, es la madre santa y caprichosa que intercede por nosotros ante el único dios en el que creen todos: moros y cristianos, mormones, taoístas, cándidos meapilas o ateos furibundos... ¡el Dinero!... dinero que ya en tiempos de Quevedo era poderoso caballero con don (¿condón?), después fue virrey comendatario... y cardenal... y hoy alcanza el trato de deidad gracias a su omnímodo poder y a sus televisados milagros de la Multiplicación de los Panes y de los Yates . Su ávida devoción no deja de crecer en todo el orbe y cada Bolsa Nacional es una catedral levantada a su culto... aunque a esa catedral sólo van los que tienen misal de canto dorado, pues la demás gente es de parroquia o de sucursal bancaria donde hay que hacer tantas veces el metesaca con tarjeta, que se acaba como en el sexo, perdiendo el interés... y hasta el 6% Tae.

El que cree en otras cosas, amén de loterías, tiene más fuste en su ilusión que el que juega un décimo despreciando a san Pancracio porque lo exige su agnosticismo militante. No hay comparación: la sastra Rolindes pone su boleto bajo un Niño Jesús de Praga en la mesita de su alcoba y tiene la total certeza de que un día le tocará... mientras que Olalla, la volteriana, sabe que nunca tendrá una certeza, sino una probabilidad... matemática y, además, ínfima.

Ahora bien, muchos millones de creyentes juegan loterías y rezan todos a la vez a santos o vírgenes para que les toque (han de hacer ver ahí cuántas cosas buenas harían con la pasta), pero en el Cielo hay tal colapso de oraciones (dramáticas no pocas), que bufan piques y puyas entre santos, así que Dios ha resuelto prohibir desde el 1 de enero todo milagro hecho con loterías (y aquí la volteriana se echa unas risitas).

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