Diario de León
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León

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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

La parábola de los talentos parece destinada a los escribas de aquel tiempo para acusarlos de que han administrado mal la Palabra de Dios. El evangelio de Mateo la aplica a la comunidad cristiana para que no sea negligente, aunque la Parusía (2ª Venida de Jesús) tarde en llegar. La insistencia de Jesús en la vigilancia activa nos hace pensar que los discípulos y, después, los primeros cristianos no tenían muy clara la exigencia de la fidelidad esforzada ante una misión que se les encomendaba y ante la confianza que Dios deposita en ellos para que extiendan su Reino. Por esa razón, todas las parábolas sobre la vigilancia se fijan más en la infidelidad y en sus consecuencias que en la fidelidad, que también la hay.

El obrero del Reino no es un arrendatario, es un invitado a administrar libre, personal y responsablemente los bienes de ese Reino. Esta responsabilidad es mayor cuando Jesús dice, intencionadamente, que el Señor se ausenta y deja su propiedad en sus manos. El Señor espera el fruto de lo que deposita. La conservación y custodia de los dones recibidos es una actitud insuficiente. La vigilancia evangélica no se puede reducir, como ocurre, a una fe bien informada y confesada ni a una piedad fervorosa en actos cultuales ni a una lucha angustiada contra la falta de perfección. Todo esto es «previo a» y «en función de» lo esencial del cristiano: la fidelidad a la misión encomendada; hacer partícipes a los demás de nuestra esperanza; hacer llegar a todos los hombres el Reino de Dios: la verdad, la justicia, la paz, los panes y el Pan.

El mensaje de la parábola de los talentos no es moral, sino que apunta a la llegada progresiva del Reino de Dios. Forma parte de esos dos capítulos del evangelio de Mateo en que se mira hacia el futuro del Reino proclamado y comenzado por Jesús. No se nos interroga sobre las buenas obras que hacemos con los talentos en orden a nuestra salvación o condenación individual, sino que se estimulan las distintas actitudes de quienes están llamados a construir el futuro de ese mundo nuevo. Los talentos en realidad son un recurso narrativo para poner de relieve los talantes: éste es el auténtico tema de la parábola. En la raíz de nuestra fe está la gratuidad del amor del Padre y su compromiso generoso de hacer con nuestra historia una historia de salvación. Los bienes del Reino recibido son un don que nunca terminaremos de agradecer. Pero si nos quedamos sólo en agradecer el don, caemos en un espiritualismo que puede caber en otras religiones, pero no es el del Evangelio de Cristo. San Pablo nos recuerda que Dios por gracia nos ha hecho no sólo hijos, sino herederos. Por lo cual todo don se convierte en tarea y responsabilidad.

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