CORNADA DE LOBO
Azada ducal
Los cañís de IU le han mandado a Cayetano, vástago de la duquesa, una azada con sus instrucciones de manejo por haber puesto de chupa de dómine a los andaluces tildándoles de vagos, subsidiados y analfabetos.
El regalito tiene gracia, pero el gasto ha sido en balde, pues la aristocracia tiene sus tierras de labor en despachos o consejos o comités o fundaciones y ahí lo que se maneja es la pala de atropar y no la azada de escardar cebollinos, de manera que no procede regalarle un escabuche, sino confiscarles palas y paletones... y alejarles de entidades «sin» ánimo de lucro o de oenegés sin misericordia.
Volvamos al no-dato: en España no hay censo de organizaciones no gubernamentales, pero se estiman en no menos de quince mil; la mitad son más o menos visibles; el resto rinde cuentas a su solapa (si las rindiera); la subvención les persigue; los donativos se les pegan; los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que llueva a chaparrón... es generosa la Virgen de la Cueva de Alí Babá.
Hay oenegés para toda situación, motivo o desgracia. Tienen su propia estructura, sedes, empleados, gastos, servicios... y se estima que tan sólo el IVA que genera su actividad burocrática o económica asciende a 208 millones de euros anuales, cantidad que jamás llegará a los objetivos para los que se recaudó. Tampoco llega a su destino todo lo que la industria de la caridad ha de gastarse en alquileres, empleos, logística o publicidad sin salir del propio país «caritativo» (y aún queda un largo camino con varios fielatos hasta llegar al burro muerto). Veamos: de toda la caridad recogida por ahí, ¿cuánta exactamente llega a ese país desolado, a ese consultorio en Sudán, a esos críos de Calcuta o Manila?
¡Quince mil oenegés!, ahí es nada. ¿No sería mejor que se juntaran (como los bancos o cajas) para reducir redundancias, dispersión, gastos e ineficacia? Pues no apreciamos necesidad ni voluntad; aquí no es cierto que Más caga un buey que cien golondrinas .
La Navidad, por ejemplo, es rentable, la plagan de anuncios y campañas; saben que la sensiblería nacional siempre da unas peladillas al pobre para poder excederse con la conciencia tranquila.