Cosas de aquí | Todo a punto para despedir el año
Adiós al 2011
Uvas, chocolates, mandarina o gusanitos, en el ensayo de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol.
El relojero Jesús López Terradas, durante las operaciones de puesta a punto del reloj de la Puerta del Sol.
La «precisión» con la que marcha el reloj de la Puerta del Sol, en Madrid, fuecomprobada al mediodía de ayer con una prueba durante la cual decenas de personas hicieron su propio ensayo de las campanadas con uvas, bolas de chocolate, gajos de mandarina o gusanitos.
Pedro Ortiz, de la Casa Losada, la encargada desde 1997 de mantener a punto el reloj, explicó que el ensayo de «sonido y precisión» fue superado correctamente.
Fue el primero de los dos ensayos previstos para ayer del reloj de la Puerta del Sol, que, como todos los años, marcará a la medianoche del sábado, día 31, las campanadas que anunciarán el fin del 2011 y el comienzo del 2012. Según Ortíz, el mecanismo funciona a la perfección y en el ensayo de ayer a medianoche fue puesto a prueba, además, el descenso de la bola del reloj que da comienzo al proceso.
Como todos los años, decenas de personas se congregaron en frente de la antigua Casa de Correos, en la Puerta del Sol, la actual sede de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid, en cuya fachada está instalado el popular reloj.
Cinco chicas —Sara, Paula, Alicia, Inés y Ana—, cuatro de ellas de Campo Real y otra de la localidad vecina de Valdilecha, tienen su «tradición» de viajar cada 30 de diciembre a Madrid para pasar el día en la capital y seguir de paso las campanadas de prueba. «El año pasado seguimos las campanadas con patatas», explicaron poco antes de hacerlo este año, esta vez con pequeñas bolas de chocolate.
La madrileña Begoña Martín y varios miembros de su familia, adultos y niños, hicieron su ensayo con gajos de mandarina como homenaje a una de las mujeres del grupo que ha acudido a visitarles desde Gandía.
Más tradicional fue una pareja de Móstoles, Laura y Fernando, que tomó las doce uvas y «tal vez» las tomaron otra vez anoche, pues desde hace años acuden a los ensayos porque les parece «muy divertido».
La mayoría de los asistentes a la prueba del reloj explicaron que lo hacen por divertirse y para que los niños «vivan la experiencia», pues prefieren seguir las campanadas «reales» en sus hogares y, eso sí, siempre con uvas.