Diario de León

Schmitz, un excéntrico sin límites con varias condenas que logró esquivar

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Michael Mcloughlin | madrid
León

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La de Kim Schmitz (Alemania, 1974) es una figura singular. Es un pirata informático con rasgos de empresario que ha acabado por integrar esa raza de multimillonarios que llevan incrustada la excentricidad en su código genético. No es extraño encontrar en Internet, volando de un lado para otro, un puñado de imágenes en las que el fundador de Megaupload aparece posando junto a lujosos yates, sumergiendo su ingente humanidad en un jacuzzi escoltado por una botella de champán o exprimiendo el acelerador de un coche de lujo vetado para el común de los mortales. Schmitz no pasa desapercibido para nadie. A pesar de que se empeñe en adornar todas sus acciones con una expresión de no haber roto en plato en tu vida, este informático alemán cuenta con un largo historial que compila condenas en los tribunales y capítulos personales bajo el mismo denominador común: el poso de incredulidad que queda al conocer los detalles de su existencia.

Su currículum comienza a forjarse en Alemania, con apenas veinte años, es condenado a un año de cárcel por fraude informático, tras ser arrestado por comercializar tarjetas bancarias robadas. En 1994, fundó la compañía DataSecurity, la que sería la primera aventura de una turbia carrera empresarial. En los siguientes años, llevó a cabo un sinfín de movimientos públicos que estuvieron impregnados por la esencia del escándalo. En el 2002, con la Bolsa como escenario, este hacker se hizo con LetsBuyIt.com, con la que ganó un millón y medio de dólares para luego desaparecer del organigrama.

A pesar de las reiteradas condenas, siempre ha conseguido esquivar la obligación de ingresar en prisión. Eligió Nueva Zelanda para dar esquinazo a los escándalos y las pesquisas policiales. Consiguió cambiar el nombre sin embargo, fue víctima de su propia adicción por el lujo. Hace dos años, un programa de la televisión realizó una investigación sobre su figura después de adquirir la mansión más grande de la isla, lo que terminó con el plan del informático alemán, que acabó siendo descubierto.

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