Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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Cuando a un ciclista le da la pájara no hay nada que hacer y eso es casi seguro lo que le pasó al presidente del Gobierno, señor Rajoy, recién escalada La Moncloa. Mariano es un gran aficionado a la bicicleta desde sus años niños en León cuando le regaló una su padre, alto funcionario de la Audiencia, mientras los demás teníamos que alquilársela a Senén, no te jode. El chico ya apuntaba maneras, dado que la barba es para tapar una cicatriz deportiva y no porque quisiera parecerse de mozo a Cánovas del Castillo. Aún hoy no ha aprendido que, si dejas de pedalear, te caes.

El gallego llegó a la cumbre monclovita arropado por una mayoría absoluta sin precedentes que le ovacionaba no por su cara bonita y pilosa, sino por otras razones, y allí quedó clavado pie a tierra. La primera porque la caradura de su antecesor, que tenía la cabeza a pájaros, ya estaba muy vista. La segunda porque no había otro a quien votar. Y la tercera, siendo optimistas, porque como las cosas no podían ir a peor necesariamente tenían que ir a mejor. Bueno, pues esto último no está claro.

Dicen el FMI y el Banco de España que el país puede acabar este año con seis millones de parados —no cinco y pico como ahora, que se dice pronto— si no se abordan pronto las tres grandes reformas que traía el PP en el trasportín de las promesas electorales: la laboral, la del déficit y la de la banca. Demasiada cuesta arriba y para ninguna de ellas se ha molestado Mariano en levantar el culo del sillín.

La reforma laboral tiene poco recorrido porque ya hay más modalidades de contratos que marchas en una bici de chavalín, salvo que por decreto se les retiren todas las subvenciones a sindicatos y patronales, una sopa boba. En lo del déficit habría que apretarles las clavijas a las autonomías, que ahora son casi todas del PP, hasta que echaran los bofes: más o menos un millón o dos de funcionarios y empleados públicos fichados alternativamente puestos a dedo por socialistas y populares. El coche escoba del Inem no iba a dar abasto. Y, por fin, sanear las cajas de ahorros pastoreadas por ambos partidos, casi siempre en consenso de modo que cuando uno hace de rabadán el otro va de carea. Oveja muerta, dice el refrán.

La madre del cordero en lo de las cajas —los bancos son otra cosa— está en la burbuja inmobiliaria, que ahí sigue. Ibas antaño a pedir una hipoteca y te decía el director de la sucursal «¿Oiga, y por qué no metemos, ya de paso, el buga y el yacuzzi?». Ahora, en cambio, encuentras un piso que parece tirado de precio, pides el crédito y rápidamente te suelta el de la ventanilla «Oiga, le ofrezco yo trescientos mejores y más baratos, todos embargados». Activos tóxicos le llaman eufemísticamente a eso, sin contar las ingentes deudas de los constructores que se quedaron colgados del andamio en números rojos. De los primeros dicen los economistas que, si dejas de pagar un millón de pesetinas, tienes un problema y de los segundos que, si debes mil millones, el problema es del banco.

Sobre ninguna de estas reformas ha dado la cara Rajoy por si se la parte otra vez. El miedo es libre, macho, pero la gente le votó precisamente para que lo hiciera. Soraya pone boquita de piñón cuando intenta explicarlo y los ministros gregarios de Hacienda y Economía, Montoro y del guindo, parecen Buster Keatón, alias «cara de palo», en la tele. Mariano es como si hubiera colgado la bicicleta.

O le ha dado la pájara. De todos los recortes y sanciones prometidas para quien haya dilapidado el dinero público sólo se conoce un caso en el que el PP haya castigado a uno de los suyos. Se trata del alcalde, cuyo nombre sería minúsculo, de un pueblín de Zamora, Peleas de Arriba, que ha dejado a los vecinos una deuda de seis mil euros por cabeza. Como el ayuntamiento tiene menos de ochocientos habitantes o así, casi todos jubilados, se calcula que podrán saldar la deuda en unos treinta años, si es que queda alguien fuera del cementerio. Por cierto que la pena impuesta al edil cachondo ha sido expulsarlo del partido, coño qué trauma.

Lo de Peleas, con ese topónimo, ha debido de impactar en el Consejo de Ministros, parando las medidas a tomar en el resto del país. Pero se equivoca otra vez el gallego. Peleas no viene de lo que él y la Guardia Civil suponen, sino de un héroe de la mitología griega compañero de las parrandas de Hércules, el que sobrevivió a siete empresas que parecían imposibles.

El presidente Mariano sólo tiene que llevar a cabo tres, hercúleas en todo caso, y, lo dicho, ya le ha dado la pájara.

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